Este año no pensaba hacer balance, pero, al final, contar lo que he sentido por medio de estas líneas es como un ejercicio de autoayuda. Cerrar un año para enfocarme en el siguiente, así que, allá voy.
He vivido momentos malos, algunos más jodidos que otros, y algunos buenos, como supongo que os habrá pasado a la mayoría de vosotras. Durante estos meses he aprendido algunas cosas, a base de darme de bruces contra muros, y he desaprendido otras, en beneficio de mi salud mental, aunque, no os engañaré, desaprender es un verbo que me cuesta mucho más que el contrario. Y es que hay comportamientos tan intrínsecos y adquiridos, y estigmas tan mimetizados en nuestro interior, que despojarnos de ellos nos cuesta un verdadero triunfo. Mi filosofía es abrir más la mente cada día, no juzgar a los demás y procurar ser fiel, sobre todo a mí misma. La hipocresía jamás irá conmigo.
Este año he viajado a dos sitios que no conocía, Fuerteventura y Oporto, dos sitios nuevos que he añadido a mi cuaderno de viajes y que quizá, algún día, volveré a recorrer, porque ambos me han gustado.
He escrito 4 libros y he publicado 3.
He firmado un contrato con una editorial de las grandes otra vez, cuatro años después. Y he asistido al lanzamiento de un nuevo sello que tiene una pintaza alucinante, además, lo hice rodeada de autores increíbles, de esos superventas que eclipsan al resto. Compartir conversación y hasta taxi, ya fue la leche.
He leído 61 libros. He conocido la pluma de escritores nuevos y he caído en los referentes de siempre. He descubierto nuevas series. He visto Un amor, de Isabel Coixet, y he vuelto a enamorarme en una sala de cine. He escuchado mucha música, de varios géneros diferentes, porque siempre he tenido un oído abierto, como mi mente. Y he llorado más minutos de los que me gustaría, sola y durante los trayectos en mi coche.
Aun así, sé que no estoy en posición de quejarme, porque el balance sigue siendo positivo.
Por todo ello, daré la bienvenida al 2024 con muchas más ganas que nunca. Y con una ilusión acojonante.
Antes de despedirme, también os contaré mi lista de deseos para este año que comienza, que son sencillos y alcanzables, porque no soy yo de hacerme muchas pajas mentales.
- Salud, para los míos, para mí y para vosotras.
- Llegar a más lectoras cada día.
- Tiempo para mí, de calidad.
- Que César me siga dando masajes en los pies por las noches.
- Que mis niños sean felices.
- Estar en la Feria del Libro de Madrid con M.
- Ideas bonitas para escribir historias de #amordelbueno.
- Más risas que lágrimas.
- Música que me inspire
- Y por último, y no menos importante, que en el 2024 todo el mundo con el que tratemos ya haya hecho terapia.
Feliz Año Nuevo para tod@s.
Nos leemos…

