Casi cuatro meses después, vuelvo a pasarme por aquí.
Tampoco es que tenga demasiadas novedades, pero me apetecía hacer un poco de update escrituril.
Hace 4 meses que publiqué mi última novela. Impura obsesión. El cierre de la serie de la Inspectora Lucía Báscones, que, como la mayoría de vosotras sabéis, ha supuesto para mí salir de mi zona de confort y adentrarme en un género que solo conocía como lectora. La experiencia me ha encantado, pero reconozco que después de todas las horas dedicadas a armar la trama de la investigación, mi cuerpo me pedía volver a mi zona segura: los sentimientos. Unas aguas menos turbulentas en las que me gusta moverme y en las que me siento muy cómoda.
Y en ese punto me encuentro ahora mismo. Aunque esta vez estoy tomándomelo con mucha calma, mi nuevo proyecto (Placer) ya ronda las 60.000 palabras, hecho que me hace tremendamente feliz. Escribir esta historia está siendo mi refugio. Después de la intensidad de Báscones, necesitaba abrazar la vulnerabilidad de las emociones con una protagonista normal, de las que vive su día a día como cualquiera de nosotras. Sin cadáveres ni pistas que encajar a contrarreloj. Volver a este lugar no me ha supuesto un retroceso, sino una forma de reconectar con lo que me hizo empezar a escribir, que es en sí mi propio camino, porque, como os he contado en alguna ocasión, lo de plasmar cómo me siento o lo que me preocupa en un papel siempre ha sido mi mejor terapia.
Supongo que el abatimiento por el actual panorama literario también ha influido en que me tome la escritura sin prisas, porque, por primera vez en toda mi carrera literaria, no tengo ni idea de lo que haré con este manuscrito cuando logre terminarlo. Creo que todo va demasiado rápido, que los libros caducan a los pocos días de salir y que el esfuerzo enorme que hay detrás de cada página se diluye en un mar de novedades infinitas. De ahí que haya decidido bajar las revoluciones. Estoy escribiendo sin la presión de una fecha de entrega, sin una estrategia trazada y sin saber qué puerta tocaré cuando ponga el punto final a esta maravillosa locura.
Y sé que me encanta que me leáis y que a muchas de vosotras os pueden las ganas de hacerlo. Y sí, yo también sigo siendo la ansias, pero creo que todo tiene su momento y hace tiempo que estoy intentado reencontrar el mío. Porque quizá ya pasó y no he sido demasiado consciente de ello. O quizá, el destino final es que la historia se abra paso sola, sin forzarla.
De esta historia o de otra, porque la inspiración viene cuando le da la gana, a su bola, y como me pasa siempre, cuando estoy en un punto importante de una historia, mi mente viaja a otra. A una nueva o a una guardada, y me obliga a saltar a ese otro documento y plasmar lo que se cuela con fuerza en mi pecho. Hablo del proyecto Rubio, abierto en el 2024, que ayer recuperé y qué, quién sabe lo que me deparará en un futuro.
Y, como no quiero despedirme sonando como una auténtica dramas, aunque sabéis que me gusta ser sincera y por eso quería compartir con vosotras cómo me siento, os diré que, aún queda verano; sol, playa, amigos y… no todas las puertas están cerradas. No todas. Así que ojalá cuando llegue septiembre, tengo alguna novedad que contaros y las cosistas mucho más claras.

