Hola de nuevo. Hacía un montón de tiempo que no me pasaba por aquí, pero es que he estado ocupada terminando de pulir mis próximos proyectos literarios. He estado tan enfrascada que no escribo nada nuevo desde finales de julio. Creo que es la primera vez que hago un parón tan largo, porque en los últimos años he enganchado la escritura de una historia con otra, incluso solapado, así que estoy deseando dejarlo todo cerrado y empezar algo nuevo.
Acaba de llegar octubre y con él el último tramo del año. 2022 vendrá cargadito, por eso, aunque pueda sonar raro, estoy contando los días para recibirlo. Pero antes de que eso suceda, podréis disfrutar de la reedición de la Bilogía Lía; mi primera historia de #amordelbueno que en febrero cumplirá cuatro añitos.
Bilogía Lía (2018)
Muchas de vosotras me conocisteis con ella y me habéis acompañado hasta hoy. Muchísimas gracias por haberme dado una oportunidad cuando os lo pedí (o cuando os lo rogué por Messenger o Instagram, porque soy consciente de todas las puertas a las que toqué). Gracias infinitas por todas esas muestras de cariño que me hacéis llegar, por los ánimos y por seguir acompañándome seis novelas después.
Me tiré a la piscina sin saber si había agua y la verdad es que no me arrepiento ni un solo día desde que di ese salto, porque me habéis hecho inmensamente feliz.
De la historia de Lía os podría decir mil cosas, pero, la fundamental es que fue la primera, por eso, ella y Axel siempre serán especiales para mí. Si ellos no os hubieran hecho sentir, yo ahora no estaría aquí.
Si habéis leído todas mis historias, espero que hayáis apreciado la evolución de mi escritura. Con Lía era una novata, que solo había escrito para mí, y que, animada por la acogida que tuvo en wattpad, y con la ilusión por bandera, me lancé a publicar su historia en papel, sin pulirla demasiado.
Cuando me preguntan por qué reedito su historia ahora, respondo que porque ha llegado el momento de contarla mejor sin perder un ápice de su esencia.
Ha sido un trabajo difícil y arduo, lo reconozco, porque en estos últimos años la vida ha cambiado mucho y mi pluma también. Ha sido raro enfrentarme a esos personajes que se formaron en mi cabeza hace tantos años y mirarlos ahora desde otra perspectiva. Sin embargo, creo que era necesario darles esta nueva oportunidad.
Confío en haberla dejado mucho más bonita y, por supuesto, deseo que os hagan sentir de nuevo, o incluso, más que la primera vez.
Recordad: El 4 de noviembre estará disponible en Amazon en digital y en papel en un solo libro. Y si quieres un ejemplar dedicado, solo tienes que pedírmelo.
A continuación os dejo el prólogo y los primeros capítulos.
Nos leemos.
PRÓLOGO
¿Sabéis cómo suenan los cojines del sofá cuando literalmente te dejas caer sobre él? Algo así como plaaaf. Pues ese es el maravilloso sonido que oigo en mi casa en este instante; de agotamiento y calma, todo a la vez.
Son las nueve de la noche y aún no me puedo creer la paz que se respira a mi alrededor. No hay gritos de niños, ni peleas, ni juguetes, ni ropa tirada por cualquier rincón; está todo colocado en el sitio correcto. Vamos, que se puede cenar en el suelo hoy. Así que, bendito plaaaf, pienso mientras me dejo caer como si fuera el último esfuerzo que puede hacer mi cuerpo a estas horas del día.
Desde que vivo sola con los niños, hace unos cuatro meses ya (todavía no soy capaz de articular esa palabra y no extrañarme al oírla: sola), esta es la tranquilidad que se respira en mi casa cuando mis hijos se van a pasar el fin de semana con su padre. Es una situación completamente nueva para mí. Sola, sin mis niños y sin él. A veces me repito en voz baja la dichosa palabrita que jamás formó parte de mi vocabulario para ver si, a base de escucharla, empiezo a tomar conciencia de mi estado actual. También suelo hablar de él en presente y, en cuanto me doy cuenta, rectifico. Esa historia se acabó, es pasado y ahora tengo que empezar a vivir otra etapa, una que nunca me planteé. Después de dieciocho años juntos, es difícil no referirme a él como mío, como si me perteneciera, una posesión, algo tan intrínseco a mí que durante muchos años fuimos solo uno. Parecerá una tontería, pero es que he estado con él el mismo tiempo de mi vida que sin él.
Como buena economista que soy y siempre mujer de números, he desarrollado la original teoría de que mi vida se rige por ciclos de dieciocho años de duración. Los primeros dieciocho, desde mi nacimiento hasta mi mayoría de edad, transcurrieron de forma normal, con unos años de infancia que ya empiezo a olvidar y una divertidísima adolescencia. El segundo ciclo, con la misma duración, obvio, que por cierto acaba de terminar, fue junto a él. Formando mi familia, pasamos buenos y malos momentos, superando las dificultades del día a día, viajando; crecimos juntos y, sobre todo, disfrutamos de la etapa más feliz de nuestras vidas: tener a nuestros dos niños que, aunque me vuelven loca la mayor parte del tiempo, los adoro. Desde que los tengo a ellos soy capaz de discernir lo bueno e importante de la vida de lo que realmente no lo es tanto.
Y ahora, aquí estoy, con treinta y seis años recién cumplidos, comenzando mi tercer ciclo. ¿Cuánto durará esta etapa? ¿Dieciocho años también? Si te soy sincera, no tengo ni idea, nunca me he imaginado este nuevo futuro, además, no quiero pensar a largo plazo. Solo te diré que estoy sola, tirada en mi sofá y con todo el tiempo del mundo para mí. Que se detenga el reloj, porque he conseguido un instante de calma.
NUEVO CICLO
El fin de semana se me ha hecho largo, más de lo que esperaba a priori. En nada volverán los niños y, aunque el viernes empecé muy relajada, disfrutando de mi soledad, ayer ya necesitaba un mínimo de actividad. Mi amiga, Julia, me insistió para que fuera al cine con ella, sin embargo, quise aprovechar ese rato para pensar. Pensar en cómo voy a afrontar el nuevo ciclo que comienza a partir de ya. Así que me excusé —con el manido dolor de cabeza— y me quedé todo el sábado en casa, sin salir, comiéndome el tarro. Al final, nada elocuente ha salido de mi cabeza. Lo único que tengo claro es que voy a disfrutar un poco más de mí. Quiero ver crecer a mis hijos, trabajar y ser feliz, sin complicaciones.
Soy metódica y me gusta tener todo organizado. Sin embargo, a veces queremos tener hasta el mínimo detalle tan meticulosamente controlado, empezando por cada pensamiento que se pasea por nuestra cabeza, que, cuando algo se tuerce y ya no sale como esperábamos, la desilusión es mortal. Por eso, he decidido dejarme llevar por primera vez en mi vida. Fluir. Necesito aceptarme a mí misma y adaptarme a mis nuevas circunstancias.
Supongo que en mi último año del ciclo anterior ya estaba así, disfrutando solo de los niños. Lo que pasa es que ni Carlo ni yo tuvimos el coraje suficiente para sentarnos y hablar de lo que había dejado de funcionar. Nos acomodamos en la rutina y sobrevivimos a los días sin mencionar lo que sentíamos en realidad. Un error bastante común en las parejas, guardarse para uno mismo los pensamientos. Pero, a la larga, eso que callas se acaba manifestando y, además, suele hacerlo en forma de explosión. Te puedo decir que, en mi caso, la bomba la activó él. Y, evidentemente, no lo hizo de la mejor manera, por eso estoy muy dolida con él. La vida en pareja ya nos lo había dado todo. El ser solo uno se había desvanecido y nuestros caminos llevaban metas diferentes. Lo que más me molesta es que, si él estaba un escalón por encima de mí, divisando ese final, debería habérmelo dicho antes de actuar así.
Respeto. Respeto es lo único que le faltó para acabar nuestro ciclo. Respeto a mí y a nuestra familia.
Piensa lo que quieras, pero no lo vi venir. Empezamos a ser dos seres distintos e independientes otra vez, cada uno con sus ideas, sus expectativas, sus metas y sus contradicciones. Después de tantos años sabiendo lo que pensaba y lo que iba a decir el otro en cualquier situación, nos volvimos dos desconocidos. Carlo y yo nos quisimos tanto que jamás creí que esto nos fuera a suceder. Sin embargo, sucedió. Él lo supo antes que yo y por eso me engañó.
Decidimos que cada uno continuara por separado su vida, sin intentar arreglarlo, porque creo que esa etapa se cerró definitivamente para los dos. Habíamos vivido tantas cosas juntos que las agotamos. Seguro que tardaré unos cuantos años en quitarme la imagen de Carlo mientras follaba a otra encima de su mesa en el trabajo, pero confío en que, con el paso del tiempo, todo tome valor en su justa medida.
Después de ese día, todo fue muy rápido. Creí que me costaría más aceptar la realidad, pero no fue el caso. Vendimos nuestra casa y yo me metí en la aventura de comprar un piso antiguo en el centro de la ciudad, para tener todo a mano. Necesitaba un nuevo proyecto en el que centrarme, algo que pudiese controlar. Siempre he sido yo quien ha llevado la casa y ha tomado todas las decisiones importantes de la familia, yo organizo y los demás ejecutan. El piso necesitaba una gran reforma, así que mi cabeza se mantuvo en constante actividad durante todo el proceso, se puede decir que me sirvió de terapia para ir poniendo los pilares a mi nueva etapa. Poco a poco, fui ordenando mi cabeza a la vez que ordenaba y decoraba mi nuevo hogar. Me endeudé un poco más y compré un altillo que se comunicaba con el piso, con la clara idea de hacer un estudio-loft, donde mis hijos pudieran vivir cerca de mí cuando crecieran, pero de forma independiente. Ese ha sido mi gran proyecto en realidad, en el que he puesto todo el corazón, un lugar especial que me hubiera encantado que mis padres me regalaran con dieciocho. Probablemente, cuando mis hijos cumplan la mayoría de edad no querrán vivir a mi lado, o sí, vete a saber, no tengo ni idea. Tampoco pretendo ser la típica madre que solo quiere organizar la vida de sus hijos, porque no son mi obra maestra. Hay algunos padres que quieren proyectar en sus retoños sus gustos, aficiones, pasiones y hasta sus fracasos. Solo espero no convertirme en una madre de ese tipo. Me parece un tremendo error olvidarnos de educarlos como seres independientes y tratar de influir en su pensamiento en exceso. Soy de las que piensa que deberíamos solo ejercer de guías, para que el día de mañana sean capaces de tomar sus propias decisiones. Unas veces acertarán y otras se equivocarán, pero serán sus errores y sus aciertos. La educación que les proporcionamos desde niños tendría que ser suficiente para que de mayores sepan aplicar el criterio más acertado. El tiempo dirá si conseguiré mi objetivo de haberlos complacido. También te diré que espero no ser tan mala madre como para que quieran salir huyendo, aunque hoy en día tú puedes pensar que eres una madre enrollada y ellos perciben todo lo contrario. Creo que es un problema generacional que perdura con el paso de los años, aunque, en mi humilde opinión, en esta época ese salto no es tan grande.
2- NO ES COÑA
Llegan las vacaciones de Semana Santa y mis niños se van a pasar quince días con su padre, así que voy a tener tiempo suficiente para dedicarme a mí, a holgazanear y hacer lo que me apetezca, sin horarios y sin prisas.
He quedado con Julia para comer en el bar Five, el favorito de mi amiga. Sus camareros son jóvenes y muy guapos, quizás eso tenga algo que ver. En cuanto nos ven entrar por la puerta se deshacen en piropos hacia nosotras y a mí me incomoda tanta parafernalia, la verdad, pero ella enseguida se mete en el papel de eterna adolescente, se crece y se imagina que está todavía en la cresta de la ola, o en la flor de la vida, como prefieras. Y, entonces, coquetea, coquetea… hasta que sale con el ego del tamaño de un camión. La alegría le suele durar varios días, después, vuelve y vuelta a empezar.
Traspaso la puerta y veo a Julia esperándome en la barra, cóctel favorito en mano. Preparado por su camarero favorito. Leo, un argentino con mucha labia que la tiene embelesada; cuerpazo, sonrisa perfecta y unos labios carnosos, apetecibles, y os lo digo yo, que no me suelo fijar en esas cosas. Ella no lo reconoce, pero está deseando estar un día hasta el cierre y conseguir llevárselo a casa, o más bien a la cama, para comprobar si los abdominales que parece que posee son reales o solo fruto de su imaginación.
—Lía, ven, siéntate a tomar uno de estos en lo que nos preparan la mesa. Hoy Leo los ha hecho mejor que nunca.
Pongo una sonrisilla de bruja y le guiño un ojo mientras me acerco. Leo coloca mi copa al lado de la de mi amiga y espera a que me siente en el taburete. Me extiende su mano para que acerque la mía y me besa finamente cerca de los nudillos. Esta es la clase de parafernalia a la que me refería y a la que no estoy acostumbrada. No sé si me gusta o me produce vergüenza ajena, o propia, que también puede ser. Además, la diferencia de edad es evidente, no me considero una señora y cuando me lo llaman puedo escupir lava, pero estoy segura de que él no pasa de veinticinco, y su actitud me incomoda un pelín.
—Buenos días.
—Buenos días, cariño, ¿qué tal estás?
Desde que estoy sola Julia no ha dejado de preguntarme cada día cómo estoy, creo que piensa que caeré en una terrible depresión o que, aunque le diga lo contrario, en el fondo no estoy contenta con mi nueva situación. Y nada más lejos de la realidad. Ni yo misma podía imaginar que mi cuerpo y mi mente iban a reaccionar así de bien ante el cambio.
—Muy bien, tranquila. —Doy un sorbo de mi copa—. Humm, ¡qué bueno! —Efectivamente, hoy nuestro cóctel está buenísimo—. Casi como el que lo prepara.
Ella empieza a reírse y me dice entre dientes:
—No tardaré en probarlo también.
Nos reímos sin disimulo y nos sentamos en nuestra mesa de siempre, cerca de la cristalera. Nos gusta darle a la lengua y controlar a los que pasean por la calle, pero también a los que se sientan a nuestro alrededor. Julia tiene un humor agudo y mordaz, le encanta sacar punta a todo y me hace reír constantemente. Comemos en un ambiente distendido y hablamos de todo.
Cuando terminamos el postre, me agarra la mano con la suya, muy ceremoniosa.
—Ahora viene la gran sorpresa. Por favor, prométeme que dirás que sí.
Me quedo ojiplática y pienso en lo que me habrá preparado esta mujer. Sin darme tiempo a nada más, saca de su bolso un sobre grande.
—¡Uy, Julia! ¡Te tengo más miedo! ¿Cómo voy a decir que sí? Así, sin más, viniendo de ti es imposible fiarse.
—Toma, ábrelo.
Entre alucinada y acojonada cojo el sobre, lo abro y lo primero que veo es una tarjeta con la foto de una playa paradisíaca y unas letras rojas enormes que dicen:
«No more singles: LOVE RESORT».
Al leerlo empiezo a reírme, lo primero que pienso es que se trata de una coña, que me lo está enseñando para criticar lo que hace la gente con tal de no estar soltera, pero alzo la vista de la fastuosa tarjeta y veo su mirada acusadora ante mis carcajadas.
—Oye, ¡no es coña, capulla! Saca del sobre toda la documentación porque te vas el viernes.
—¡Julia! ¿Estás loca? No voy a ir a un sitio así. ¿Crees que lo que necesito ahora es encontrar el amor? —Mi voz se vuelve más apagada, pero a la vez firme—. Amor en esta vida he tenido mucho. Así que espero no estar dándote pena por estar sola —protesto.
—¡Claro que no, nena! Solo quiero que cambies de aires. No me malinterpretes, sé que no te hace falta encontrar el amor ahora mismo. Aunque todos los días me dices que estás bien, creo que necesitas desconectar más. Dejar a los niños con el mamón de su padre y no quedarte en el sofá tú con tus propios pensamientos.
Será cabrona. Ahí ha dado en el clavo, excepto por lo de llamar mamón a Carlo, porque sabe que no va conmigo el insulto fácil. Es evidente que no me siento mal con mi nueva situación, sin embargo, sí que paso bastantes horas abstraída con mis pensamientos y sin ganas de hacer nada. Ella continúa:
—Me pareció que sería divertido, había cogido billetes para las dos, para hacernos un viajecito y echarnos unas risas, pero ya sabes que el jueves operan a mi madre, y mi hermana con los tres niños lo tiene más complicado para hacerse cargo de su recuperación. Así que tuve que llamar a la agencia y cancelar mi reserva. Estuve a punto de anular la tuya también. Luego me confirmaste que no tenías a los niños y pensé: es el mejor momento para que haga este viaje.
—Julia…
—El sitio parece increíble, es un resort de lujo y tienen todo tipo de actividades y talleres. ¡Mira qué playas! ¡Y qué agua! Nena, no me digas que no, piensa que puedes seguir con tus pensamientos, pero con «todo incluido» y dándote el solete en ese culito respingón. —Me encanta cómo me hace la pelota—. Ya te visualizo allí, bañándote en esas aguas cristalinas y tomando mojitos bajo las palmeras. —Saca del sobre otro folleto más amplio—. Los billetes son deluxe también. Un avión exclusivo que solo vuela a esa isla. Aquí va toda la documentación necesaria, incluido un visado especial. Solo necesitas ganas y tu pasaporte.
Todavía estoy en shock, no me imaginaba ni por un momento que la sorpresa fuese algo así. Lo que más me cabrea es que le he trasmitido una imagen de mí distinta de la que yo percibo; no estoy sola, ni aburrida, solo estoy en tránsito. Un poco ida, sí, pero feliz y relajada, sin complicaciones. Sin salir de mi asombro intento que vea, en vano, que se ha confundido.
—Bueno, y qué me quieres decir, ¿no habrás sido tan tonta de haber pagado todo el viaje? ¿Y si te digo que no? Te habrás gastado un pastizal. ¿O todavía estoy a tiempo de poder reconsiderar la oferta?
—Cariño, sabes que te quiero un montón. No me gustaría que no aceptases mi regalo. Si no fuera por la operación de mi madre, en ese sobre habría dos billetes y yo me iría contigo al fin del mundo.
Al fin del mundo, nunca mejor dicho.
Miro a mi amiga y ella me mira a mí, con ese par de ojos negros que son todo luz. Me ablanda el corazoncito cuando me pone esa cara.
—Creo que va a ser la peor semana de mi vida —gruño—. Y, cuando vuelva, me encargaré de recordártelo todos los días hasta que me regales otra cosa que subsane este tremendo error, ¿entendido? Quizás pueda poner mi culito al sol unos días.
Julia se levanta de su silla, se abalanza sobre mí y me come a besos, literal.
—¡Oh, Lía! Gracias. Te quiero y lo vas a pasar de lujo, me da a mí que será una semana inolvidable.
—Aquí está la cuenta, señoritas. Uf, cuánto amor veo hoy por aquí, ¿me he perdido algo importante? —pregunta Leo mientras nos deja una cajita encima de la mesa.
—Nada en especial —respondo y Julia se vuelve a sentar en su silla, le guiña el ojo a Leo y él le pone morritos.
¿En serio eso acaba de pasar? Este juego que se traen entre manos estos dos no va a acabar bien. Nada bien.
¿Qué tal? ¿Ya estáis disfrutando del calor tirados en la playa o en la piscina con un buen libro?
Sé que os tengo un poco abandonados, pero todavía no he empezado a disfrutar de mis vacaciones y los últimos meses han sido un poco caóticos, en cuanto a literatura se refiere.
Empecé asistiendo a la Feria del Libro de Paracuellos del Jarama en Madrid, el último fin de semana de mayo. Era la primera vez que se organizaba, pero me gustó poder volver a estar en contacto con mis lectoras. Gracias a las que os pasasteis un ratito a verme.
Unos días después, tuve el inmenso placer de participar en la Feria del Libro de Santander. El jueves 17 de junio presenté junto a Taira de Nicolás, mi editora de Rubric, » Nora y su vértigo constante» un año después de su publicación con Espasa. Fue un día muy especial para mí, porque era la primera vez que contaban conmigo en mi ciudad y me hizo mucha ilusión. Estuve rodeada de mi familia y de mis amigos, y, aunque siempre que hablo de Nora me queda un regusto amargo en el paladar, me encantó poder darle el sitio que sin duda se merecía.
Feria del Libro de Santander
En julio asistí al encuentro «Vigo entre letras», el primero pospandémico. Compartí charla y letras con blogueras, lectoras y otras autoras, pasando un día muy ameno y disfrutando por fin del ambiente literario sin una pantalla de por medio. Era muy necesario mirarnos a los ojos, aunque fuera con la mascarilla puesta.
Vigo entre letras
Además, hace unos días puse la palabra fin a mi novena novela. Uf, creo que siento el mismo vértigo que Nora en este instante. Nueve. Nueve novelas. Ocho protagonistas de ocho historias de #amordelbueno que han salido de mi cabeza y de mis tripas. Todavía me parece increíble haber llegado hasta aquí.
¿Qué os puedo contar de mi nuevo proyecto sin haceros spoiler?
Vaya, que difícil es hablar de ellos sin revelaros nada. Creo que el proyecto Ámsterdam es mi historia más madura hasta el momento. Está narrada por ambos protagonistas y alterno el pasado y el presente, dibujando la línea que los ha conducido hasta quienes son hoy. La adolescencia, los juegos, las primeras veces, los recuerdos y todas y cada una de las sensaciones escondieron en el fondo de un cajón y que no se habían perdido para siempre. Uf, todavía me emociono si los pienso. Sigo enamoradísima de ellos, hasta la médula.
Ahora me falta ponerles bonitos antes de que vean la luz y lleguen a vuestras manos. No sé la fecha exacta de publicación, pero mi intención es que salga a primeros de 2022 y, además, aunque no quiero adelantarme por si al final no puede ser, me gustaría que fuera un lanzamiento a lo grande. Muy BIG.
Me han exprimido tanto que en este momento no puedo escribir, por eso estoy aprovechando para preparar o iniciar otros proyectos.
El más inmediato es la reedición de la bilogía. Quiero contar la historia de Lía y Axel mejor, pero sin que pierdan su esencia. Es un reto difícil, porque han pasado muchos años desde que la escribí y cambiaría muchísimas cosas. Sin embargo, intentaré ser fiel a ellos y a su puta electricidad.
El proyecto Gael también está en mi mente; una historia New Adult que tengo abandonada hace meses y que me encantaría sentarme a escribir.
La peli y su historia con Adrián también está pendiente de perfilar, tengo las ideas claras y solo necesito tiempo para ordenarlas. En cuanto tenga su mapa, todo fluirá.
Por supuesto, no puedo olvidarme de ellos. Gabriela y Nicola están esperando su turno para ver la luz, con las calles de Nueva York como telón de fondo; el Upper East Side, NoLiTa… Brooklyn. Ay, que ganas tengo de que conozcáis a ese huracán que aterrizará en Manhattan y volverá loco al CEO de Coté Group. Estoy pendiente de una propuesta editorial, por lo tanto, tengo que esperar para poder contaros más cositas.
#SNYSTYYB
Como soy incapaz de estar quieta he empezado a colgar en Wattpad unos capítulos, tipo relato erótico, de Úrsula, la diosa de la vida. Pequeñas dosis de erotismo y sexo para que no se quede nadie sin su ola de calor. Si necesitáis subir vuestra temperatura corporal, adelante, echad un vistazo, son gratis.
Disponible en Wattpad
Y para terminar, os confesaré que también tengo alguna idea nueva. Una protagonista rondando los cuarenta, casada y cansada… Venga, no os desvelo más que todavía tengo que darle unas cuantas vueltas a su trama.
Como veis, mi cabecita loca no descansa ni con el modo VERANO.
Estoy de vuelta y lo primero, perdonad mi ausencia por estos lugares, pero es que el comienzo de este 2021 ha sido mágico e intenso. Demasiado intenso hasta para mí, que soy una «ansias» y prefiero no tener minutos libres durante el día.
La publicación de Los jardines de Sira me ha tenido muy ocupada, gracias a la buenísima acogida que la habéis dado, con un montón de reseñas, comentarios, reuniones en varios clubes de lectura y todos los mensajes que me habéis hecho llegar a través de mis redes. Sin duda, puedo seguir creciendo gracias a vosotras, mis lectoras, a las que estáis conmigo hace tiempo y a muchas nuevas que habéis llegado al universo de #amordelbueno ahora.
Puedo asegurar que la historia de Sira os ha gustado mucho, en general. Y en particular… ay, amigas. En particular os habéis vuelto completamente locas con un personaje secundario que casi eclipsa a mi pobre enfermero. Tanto, tanto, tanto… que no dejasteis de insistir hasta que os confirmé que iba a concederos el deseo y contaría su historia.
Ay…#putopoli. ¿En qué momento te creé así de apetecible? ¿Así de…todo?
Pues ni idea. Porque nunca fue mi intención elevar a este chico fuerte de ojos azules al nivel de «protagonista» y menos hacerlo en un periodo tan corto de tiempo.
A ver, que nos conocemos ya y yo sabía que me ibais a pedir su historia. Cómo hacéis casi siempre con alguno de mis secundarios. Sin embargo, este se nos ha ido de las manos, a vosotras y a mí, porque el «hype» que os he creado con Jacobo es insuperable. ¿O no?
Me parece increíble que el 3 de febrero pusiera la palabra fin a mi séptima novela , que es el Proyecto Nueva York, y que en vez de descansar un mes, como tenía previsto, hasta que empezara con el proyecto Ámsterdam, se colara el señor agente en medio de este caos literario. Animada por vosotras, evidentemente, me lie la manta a la cabeza y en un tiempo récord escribí su historia, para que no tuvierais que esperar demasiado tiempo para conocerla.
Os diré que es la más corta que he escrito, pero no por ello menos especial. Supongo que necesitaba plasmar algo más breve, divertido y ágil. Un paréntesis dentro de otros proyectos que me consumen más energía.
La octava a la que pongo fin y la séptima que publico, claramente ha adelantado por la derecha a la que tengo en el cajón.
La experiencia ha sido muy reconfortante. Y este par me han contado muchas cosas en poco tiempo. Por eso están escritas de forma más concisa, vamos, yendo al grano. Ahora, solo espero que el resultado esté a la altura de vuestras expectativas y de mi pluma, a la que quiero seguir cuidando y enriqueciendo.
Y ya solo me queda esperar vuestro veredicto, que lo conoceré a partir del 5 de mayo, cuando el amigo de Sira, al que tanto adorasteis, llegue a vuestras manos.
Sin buscarlo ni pretenderlo, las hermanas y sus aventuras se han convertido en la serie: «Las Flores». Que está mal que yo lo diga, lo sé, pero ha quedado jodidamente increíble.
Os habréis dado cuenta de que soy una mamá orgullosa de sus bebés, ¿no? Pues esa era mi intención hoy.
Venga, ya no me enrollo más.
Ahora, que comience la cuenta atrás y llegue pronto mayo, que dicen por ahí que es el mes de las Flores.
Lo sé, tengo el blog un poco abandonado, pero como se suele decir vulgarmente: no me da la vida «pa más».
Y es que desde que mi sexta novela ha visto la luz hace dos semanas ya, los días son increíblemente intensos; la batería de mi móvil se muere antes de entrar en la noche, mi stories de Instagran se llenan de contenido y no tengo minutos suficientes para responder a todos los mensajes y los comentarios que me mandáis. Así que, si hay alguno que se me ha pasado, disculpadme.
La edición en papel ha quedado preciosa y lo que más me gusta de la auto publicación es que va de mis manos a las vuestras.
México, Australia, Guatemala, Chicago, Alabama, Miami, Portugal y miles de rincones de España. Tantos que en una semana agotasteis la primera edición, porque sois jodidamente increíbles y tuve que pedir la segunda.
El olor, el tacto, el sonido de las páginas…
Con todo esto babéis conseguido subirme en una nube de la que me acojona bastante bajar, para que os voy a decir lo contrario.
Que la historia de mi «jardines» es especial lo tenía claro desde que me senté en plena pandemia a escribirla, con muchas dudas y muchos nervios, pero que fuera a tener una acogida así de espectacular no lo soñé jamás.
En su versión digital la colocasteis en el número uno de Amazon en menos de cuarenta y ocho horas y ha sido mi novela más descargada desde que hace tres años me tirara a la piscina con Lía, así que, una vez más: GRACIAS, porque sin vosotras esto sería imposible.
Amazon es una puerta al mundo y eso es innegable.
Para continuar con la fiesta literaria, Los jardines de Sira ha sido la novela elegida para tres Clubes de Lectura durante el mes de febrero. Todos me hacen especial ilusión y además podré participar en una reunión al final con mis lectoras, por lo tanto, seguiré subida es esa nube unos cuantos días más.
Y ante de despedirme te animo a que le des una oportunidad a esta historia si todavía no la conoces. Y, si por el contario, tienes una enorme resaca literaria porque se han hecho un huequito en tu corazón, te confesaré que quizás, dentro de poco, sepas más sobre alguno de ellos.
Prometo ir contando más cositas en seguida, porque mi agenda literaria para el 2021 está a tope.
Millones de gracias por formar parte mi Universo de #amordelbueno y por compartir y comentar mis historias.
Dicen que de las drogas se sale, espero que de esta mía no.
Me estiro el vestido verde—verde esperanza, dicen— y me atuso la melena en un gesto demasiado nervioso para tratarse de mí.
<<Vamos, Zoe, es solo una exposición>>.
<<Bueno, solo, solo… >>.
Si me respondo a mí misma mal voy, ¿no?
A priori, sí, es solo es una exposición, pero para ser más explícita es: LA EXPOSICIÓN. Lo enfatizo porque hoy, con esta muestra, se inaugura la galería más cool de todo Barcelona.
Mi pequeña aportación va a compartir espacio con las obras de unos artistas que son…Uf, son la hostia.
Vale, vale, perdonadme, que no quiero hiperventilar tan pronto.
— ¿Preparada?—me pregunta Constancia, mi jefa, que viene hasta mí de la mano de su chica, Angels, que además es la dueña de la galería. Ha sido tan iluminador conocer a estas dos mujeres, que solo puedo guiñarles un ojo y asentir.
—Pues haz los honores—me anima la galerista.
Con un ligero temblor en los dedos quito el cerrojo y abro la puerta de la “Love Art Gallery”, en pleno barrio del Born, a solo tres portales de mi casa.
El local, con un diseño industrial y minimalista, tiene dos salas enormes para dar cabida a cualquier muestra de arte.
Hoy, el lado derecho lo ocupa la pintura. La nueva colección del escocés, Alan Scott—un pedazo de artista y maromo, el cabrón me tuvo media adolescencia loquita por sus huesos—, ya luce sobre las paredes blancas. Junto a sus cuadros abstractos llenos de vida está mi granito de arena; cuatro lienzos de tamaño considerable que no sé cómo he sido capaz de terminar a tiempo.
El lado contrario, el izquierdo, está destinado a la fotografía, para diversificar un poco. Angels ha conseguido reunir a dos magníficos fotógrafos que nos tienen nada que ver. Uno es el arquitecto, Axel Rivas, que en esta ocasión expone su última colección de edificios singulares, os lo aclaro porque quizás también le conozcáis por su afición a la fotografía erótica, una lástima no poder disfrutar de esa temática hoy. Y el otro es Andrea Bianco, uno de los mejores retratistas del mundo de la moda ahora mismo y, además, casualidades de la vida, amigo íntimo de Alan. Ya sabéis ese dicho de: Dios los cría y el arte los junta.
Ah, esperad, que igual no era así…
Los primeros en pisar las losas de piedra del interior de la galería son Axel y Lía, su mujer. Bueno, me han chivado esta mañana cuando los he conocido que no están casados ni intención tienen.
—Hola, ¿qué tal? —me saludan.
—Aquí, esperando a los invitados, un poco atacada.
—Tranquila es normal —me dice él—. En cuanto expongas más veces lo llevarás mejor.
—No sé si seré capaz de volver a coger un pincel —confirmo con desgana y se ríen al ver mi gesto de frustración.
Joder, cuando se quitan los abrigos y los dejan en el perchero me quedo como una idiota, mirándoles. ¡Menuda pareja de guapos! No es por criticar pero ella es un poco mayor que él, aunque apenas se nota. Y ya que me he puesto a darle a la sinhueso os diré que al arquitecto le queda la camisa blanca tan acoplada al torso que os entrarían ganas de arrancársela si estuvierais aquí. Claro que, ella no se queda atrás, el vestido negro con flores rosas que lleva puesto tiene un escote de vértigo que no lo puede lucir cualquiera. Así que, sonrío al ver a Axel desviar su mirada justo ahí, entre sus peras. Solo le falta relamerse.
— ¡Capullos! Podíais haberme esperado, ¿no? Os dije que solo necesitaba un cuarto de hora más. — La voz de una chica alta y morena llama nuestra atención.
—Tú sí que sabes cómo entrar en los sitios, amiguita— exclama Lía y nos presentan a la recién llegada.
Es Julia, su mejor amiga. En un minuto y sin pelos en la lengua, nos cuenta todo el periplo que ha tenido que pasar para llegar hasta aquí desde el hotel.
— ¿Y Claudio? —pregunta Axel.
—Llegará más tarde, es que hemos tenido un percance con su ropa.
—¿Con su ropa? —Se interesa él.
—Sí, no es aconsejable que os la metáis en la boca sin bajarle el pantalón antes—apunta tan tranquila.
— ¡Joder, Julita! —espeta Axel y pone los ojos en blanco.
—¿Qué pasa? Cómo si ellas no se hubieran comido una polla nunca. Es solo un consejito que les doy y gratis.
—Nosotras te lo agradecemos, pero no lo necesitamos —responden Ana y Angels entrando en la conversación y provocando que nos descojonemos al ver la cara de Julia.
Vaya, vaya… me da que Julia y yo nos parecemos bastante.
—Toma, bebe y calla —le dice su amiga y le tiende una copa.
—Te lo agradezco que tengo la garganta seca. —Más carcajadas—. Venga, ¿dónde están esas fotos de mi amiga enseñando piel?— pregunta ella eufórica.
—Lee —le dice Axel entregándole el flyer de la exposición—. Hoy toca hormigón y ladrillo, nada de cuerpos.
—Bueno, pensándolo bien, quizás sea lo mejor para evitar otro calentón tonto como el que he tenido antes —resuelve ella y me encanta su naturalidad.
Antes de que se muevan para ir a la sala, entra un pequeño grupo charlando.
— ¡Alberto! ¡Qué sorpresa!, pensé que no vendrías.
Me lanzo a abrazarlo y me choco con la barriga de Oliva que viene cogida de su mano, la pobre está a punto de reventar. Vale, vale, que igual me he pasado un poco, está a punto de ser mamá, no es que se haya puesto gorda la chica sin motivo.
—Mañana no tengo que rodar hasta las seis y Oliva necesita pasear.
—Vaya, no te queda nada, ¿no? —le pregunto y le doy dos besos a ella también.
—Pues no. —Se toca la barriga—. Leo está a punto de llegar, salgo de cuentas en enero.
—¿Entonces nacerá en Barcelona?
—¡Qué remedio! Alberto no quiere perdérselo por nada en el mundo y el rodaje durará unos meses todavía.
—Hay otros cagones que prefieren que les pille de viaje —dice una chica rubia que viene con ellos y mira achicando los ojos a su acompañante.
Sus amigos se ríen y Oli me los presenta. Son Sara, Raúl y detrás de ellos, Rocío.
—¿Qué pillasteis una oferta? —pregunto al ver que Sara también tiene un bombo considerable.
—Sí, menos mal que ese día yo no fui de compras —apuntilla la morena y sus amigas niegan con la cabeza.
—No, Ro es más de ir de tienda en tienda, mirar, tocar y no comprar nunca nada— afirma Raúl y la aludida le mete un pequeño guantazo.
—Un poco de paz, chicos, que nos sube la tensión —rebate Oli y su chico la besa y la mira desbordado de amor.
Oh…
Alberto y yo hemos coincidido en alguna campaña publicitaria más desde aquella primera vez para la marca de jeans. Me parece que hace un siglo de aquello y la verdad es que como pertenece a mi etapa en la otra agencia, con el difunto resucitado, no me mola mucho recordarlo. Ahora os confesaré que él sigue tan impresionante como siempre, el chico envejece como el buen vino, y ella sigue siendo un amor. ¡Menuda pareja bonita, coño!
Les presento a Axel y compañía y se ponen a comentar algo sobre la casa de Alberto en Asturias que él diseñó. Desconecto cuando Ana y Angels descorchan un par de botellas de vino más y nos sirven unas copas. Las que vienen con premio solo beben agua, pero yo le pego un buen trago a la mía.
—¿Ese es Alberto Vega, el actor? —me pregunta Julia cerca del oído, como si nadie se hubiera dado cuenta de la radiografía que le está haciendo.
—El mismo —respondo haciéndole un repasito yo también.
—Madre del amor hermoso, en persona es… —suelta sin cortarse y se empieza a abanicar con la mano.
—¿Todavía tienes calor? Pensé que después de lo de antes. —Un chico moreno y alto, con mirada canalla, viene de frente hacia nosotras con una sonrisa lobuna.
—No, Dío, a mí solo me acaloras tú —rebate ella melosa y me aguanto la risa.
Este tiene pinta de ser el de la comida de berenjena.
—Claro, nena, por eso me tuve que tragar la serie de ese tío. —Señala a Alberto con la cabeza—. Del tirón, porque no te ponía nada, ¿verdad?
—Venga, va, solo un poco. Por cierto, me gustas con ese vaquero.
—Era este o venir en calzoncillos.
—¿Os queréis comportar? —interviene Lía cuando los escucha.
—Sí, zorri. —Julia junta las manos a modo de perdón—. No vayas de inocente ahora que tú y el Alegrías podrías encender las luces de Navidad de toda la cuidad con vuestra puta electricidad, que no se os agota nunca.
—¿Me llamabais? —pregunta Axel acercándose por detrás y arrimando su pelvis al trasero de Lía, sin cortarse ni un pelo delante de todos.
Joder, un poquito de consideración para las que estamos muertas de hambre, ¿no?
—Vecino, recuerda comportarte, que hoy eres el artista —le advierte Lía.
—Por eso mismo no te estoy empotrando contra esa pared, princesa.
—Bueno. —Carraspeo con algo parecido a la envidia, qué coño, es envidia—. Bienvenidos, estáis en vuestra casa.
Me alejo de ese puto foco de calor y voy hasta la puerta para recibir a Galita y a Marc.
—¡Hola, chicos!
—¡Vaya, Peligrosa! Esto está hasta los topes. —Marc echa un vistazo rápido y asiente con aprobación.
—Guau, ha quedado muy bonita —afirma Gala mientras se gira a mirar todo.
Constancia y Angels vienen a darles dos besos y de paso se llevan sus abrigos.
—No os los llevéis muy lejos —las advierte Marc—, nos vamos a ir enseguida.
—¿Enseguida? —inquiero con sorpresa.
—Tarde de navidad y sin niños, Peligrosa. Gala tiene la llave de tu piso y yo tengo un millón de ideas para divertirnos.
—El arte también es diversión, capullo.
—El arte es ver como tu amiga se quita poco a poco ese puto vestido y yo paseo mi lengua desde su nuca hasta su precioso culo.
—Joder, ¿pero qué coño os pasa a todos hoy? ¿Qué cojones os han dado en la comida de Navidad? ¿Burundanga?
—No, solo ganas —replica Marc.
Niego con la cabeza. Estos dos juntos son una olla a presión, pero de pasión y sexo. No conozco a nadie que se tome más en serio lo de dedicarse minutos para ellos, siempre. Da igual que tengan a Santi y a Laia, que muchas noches también se queden con mi hija, Triana, que no se separa de su amigo del alma, o que a veces los trabajos les estresen, incluso que el resto de la rutina los devore, ellos nunca dejan de guardarse momentos a solas. Los idolatro, muy mucho.
—No le hagas caso, por supuesto que no te vamos a dejar sola. Estás muy guapa, peli. Ese vestido te queda genial, ya veo que al final has escogido el verde.
—Sí, por eso de la esperanza, ya sabes —afirmo con voz queda.
—Hola. —Su voz, grave y profunda, me hace darme la vuelta para comprobarlo con mis ojos. No pensé que iba a venir. Eso que late es mi corazón.
—Ho…hola —titubeo nerviosa y ahora mismo me parece que el mundo se detiene y solo estamos él y yo—. No sabía que ibas a venir.
—Yo tampoco. —Cortante, rotundo, silenciador—. Estás muy guapa. Bonito vestido.
—Me lo regaló alguien con mucho gusto —respondo coqueta buscando una pequeña señal en sus labios—. Tú también estás muy guapo. Ya veo que la soltería te sienta bien.
—Zoe…
—Lo siento. Tenerte tan cerca me borra el filtro.
—Tú nunca has tenido filtro —contraataca con media sonrisa.
—Yo nunca he tenido paciencia, Adrián.
—Pues conmigo la vas a tener que tener. ¿Qué tal está mi… Triana?
—Tú niña, Adrián, ella sigue siendo tu niña.
Puedo sentir la punzada en la boca del estómago. Su mirada apagada. Mi dolor. Su gesto serio. Mi pena. El sonido de nuestras respiraciones intentando coordinarse. El murmullo de un silencio que encierra muchas cosas. No sé cuánto tiempo podré soportar su ausencia.
—Mañana paso a buscarla por la tarde, si me dejas…
—Claro que te dejo, Adri, yo también quiero que me busques, ¿sabes?
—Disfruta de tu día, Zoe —responde lacónico y me acaricia la mejilla antes de ir tras Gala y Marc, que hace rato que se han escaqueado entre el gentío.
Respiro hondo un par de veces y como la gilipollas que soy, me vuelvo a colocar el vestido. Su favorito.
<<Verde… ¿qué? >>.
<<Esperanza decían, no te jode>>.
—¡Vaya, cómo se nota que no eres inglés! —Me adelanto para sujetar la puerta a los que llegan tarde.
Alan y Andrea entran en este instante con sus respectivas chicas y otra pareja más.
Presentaciones y besos por doquier. Gala se acerca a saludar a Nora, la chica de Alan, solo espero que no se pongan a hablar del próximo libro que publicará porque estas dos hablando de literatura aburren a cualquiera. Caminamos hasta la sala de pintura y comentamos cada cuadro en tono relajado.
—Pues hasta aquí las obras del artistazo. —Hago el gesto con la mano después de pasar por los cuadros de Alan—. Y aquí, las de la artistilla, o sea, servidora.
Me abuchean un poco por pecar de modesta y enseguida se ponen a echarme flores. Se lo agradezco con una reverencia aunque no me lo termino de creer.
—¿Estás bien? —me pregunta Gala cuando ve que no puedo dejar de mirar a Adrián, que ahora charla con Úrsula, la amiga de Nora, delante de uno de mis cuadros.
—Solo a medias.
—Que haya venido ya es un paso, ¿no crees?
—No lo sé, neni. Con él ya no sé nada.
—¿Ese es Alberto Vega?—me pregunta Úrsula cuando pasa por mi lado.
—El mismo— respondemos Gala y yo entre suspiro y suspiro.
—Y esa su mujer, Ursulita, que nos conocemos —puntualiza Nora a su amiga, por si acaso.
—Joder, pero a qué clase de sarao me habéis traído, ¿todos están pillados?
—Yo no y encima duermo contigo.
—Sí, Robert, lo nuestro debe ser: la maldición de la última habitación —espeta ella a su amigo mientras pone los ojos en blanco.
—Yo creo que lo hace a posta. —Se carcajea Alan y le guiña un ojo al tal Robert.
—No tuviste quejas la última vez —deja caer él y Úrsula chasquea la lengua.
Comprobado, hoy ninguno va a pasar hambre, excepto yo.
Me cojo una copa de vino y doy un par de sorbos mientras me acerco a la exposición de fotografía. Saludo a Andrea y me presenta a una chica que está hablando con él, es Sira Flores, una fotógrafa aficionada que está empezando a exponer, viene con su chico, Noel, y os juro que tengo que hacer un esfuerzo enorme por escuchar lo que hablan sobre la luz, porque me quedo un poco hipnotizada con la sonrisa de su novio, decir que es de anuncio es decir poco.
<< ¡Menuda concentración de pibones, por dios!>>
—Zoe, ¿puedes venir un momento?
—Claro, si me disculpáis. —Me despido de los recién llegados y me acerco hasta Angels.
—Mira, esta es Vega Cuevas y este es su cliente, Nicola Basso, un gran coleccionista, acaba de llegar de Nueva York con su chica, Gabriela.
—Encantada. —Les doy la mano. Primero a ellas y luego a él. Me quedo unos segundos de más disfrutando de su tacto.
Sonrío como una idiota porque, joder, se parece muchísimo a Miguel Ángel Silvestre, que me pone como una moto, para que ocultarlo. De repente, me estoy imaginando cosas, muchas, aunque sean con otra persona que no está muy lejos de aquí.
—Tienes mucho talento —me dice Vega y antes de que continúe hablando, alguien le acaricia la espalda por detrás, es un gesto tan posesivo y sensual que casi lo siento mío —. Elio, esta es Zoe, la artista.
—Enhorabuena, buen trabajo.
—Muchísimas gracias —respondo y pestañeo sin querer, ¿este tío es su chico? Pues tiene una pinta de dar fuerte y flojo que creo que con su voz ya he sentido un pinchazo entre las piernas.
<<¿Perdonad? ¿Hay una puñetera cámara oculta aquí?>>
¿Por qué todos los invitados parecen salidos de una historia de amor del bueno de Lacadelo?
Sí, así, literal. ¿No la conocéis? Pues en serio, si todavía no habéis leído sus novelas os animo a hacerlo. Esto parece un puto libro de ella, de los que empiezas a leer y no puedes soltar. Tiene todos los ingredientes: amistad, familia, amor, mujeres valientes y tíos que te hacen salivar. Una barra libre de maromos. Un cóctel muy intenso y sexi, demasiado sexi.
Creo que necesito salir a que me pegue el aire un poco.
—Espera, Zoe. Yo también salgo.
Su voz otra vez, mierda. Tengo que controlarme para no colgarme de su cuello, aspirar su olor y comerle a bocados. Le echo en falta, muchísimo. Y mi vida y la de Triana no son las mismas sin él.
—¿Ya te vas? —pregunto con pena.
—Sí, me voy a casa.
—Tu casa está a tres portales.
—Estuvo, Zoe.
—Estuvo, está y estará, Adrián. Nadie más que tú tiene hueco en mi cama y aquí —digo conteniendo una lágrima y tocándome el pecho.
—Mañana te veo —me dice, meditabundo, y en un gesto que acaba por matarme me besa en la mejilla, absorbiendo mi lágrima furtiva.
—Chicos, por favor, entrad que vamos a brindar. —Gala y Marc se asoman por la puerta para reclamarnos.
—Yo… —se excusa él.
—Adrián, es Navidad, no puedes esconderte de la magia —suelta su amigo y ladea la cabeza esperando su reacción.
Las chiribitas que me salen de los ojos cuando Adrián entrelaza sus dedos con los míos y entramos cogidos de la mano sí que podrían iluminar Barcelona.
Nos colocamos en círculo y levantamos nuestras copas.
—¿Por qué brindamos? —pregunta el escocés a grito pelado.
Me aclaro la voz y me envalentono:
—Porque la magia de la Navidad nos encuentre siempre.
Chinchín se oye cuando chocamos nuestras copas.
—Y por el amor del bueno —añade Marc, nuestro perfecto gentleman.
—Por el amor del bueno —repetimos como nuestro verdadero mantra.
El 8 siempre ha sido mi número favorito y aunque todavía faltan 8 jueves para que llegue a vuestras manos, no me he podido resistir. Ains… ha quedado tan bonita que espero que lo que guardan sus páginas esté a la altura de su portada.
No es una entrada de blog al uso, más bien una pequeña presentación, así que poco más puedo contaros, que estoy «in love», con este resultado, que Nerea de Imagina Designs es la artista que ha plasmado mis ideas pintando con acuarela esta preciosidad y que es tan Sira que me abruma.
Anotad de nuevo, por si os habíais despistado: 14 de enero de 2021.
Y como ya son las mil de esta noche de jueves, puedo decir que quedan casi 7, la cosa es ir tachando.
Una vez más me pueden la ganas y aunque todavía quedan unas cuantas semanas, e incluso un cambio de año por medio, ya he anunciado a los cuatro vientos la fecha de publicación de mi sexta novela #LJDS.
14 de enero de 2021
Un jueves en mitad del primer mes del año, justo en esa temida cuesta de enero, que después de todo lo que estamos viviendo con la pandemia, supongo que ya no nos parecerá ni tan «cuesta».
Pronto os iré enseñando más cositas, como el título y esa portada tan bonita que me tiene totalmente «inlove» y que por primera vez será ilustrada ( uys, que todo lo casco). Pero voy a esperar un poco para que no os olvidéis de ella antes de que salga.
Y de la historia, uf, pues no quiero daros muchos detalles, porque sé que hay lectoras que prefieren ir con la mente totalmente en blanco, no obstante, por las perlitas que os he dejado en Instagram y por lo que os enseñé cuando estaba escribiéndola, ya sabéis que es la historia más romántica de todas ( al no ser que me digáis lo contrario al leerla) y que es muy especial para mí porque vuelvo a autopublicar.
También os puedo decir que he salido de mi zona de confort por primera vez, porque mis protagonistas ya se conocían y ha sido todo un reto. De ellos, uf, de ellos podría contaros mil millones de cosas, pero como casi siempre uso a Noel para poneros los dientes largos, os hablaré un poco de Sira.
Ella es divertida, fuerte, sincera y decidida, tiene una amiga del alma, Laura, pero de nuevo aquí cambio el rol, y ella no va a jugar el papel de instigadora de la prota, como en mis otras novelas, porque Sira llevará las riendas en todo momento, sin necesitar que nadie la azuce.
Y, poco más os puedo adelantar, bueno, confirmaros que tendrá un montón de ingredientes extras, como todas mis otras historias: viajes, música, familia, amistad, sueños y sexo con esa dosis perfecta de #amordelbueno que prometo que os hará sentir.
Espero que como este 2020 no ha sido tan maravilloso como esperábamos se vaya prontito y que en nada podáis sumergiros entre sus páginas.
Total, enero ya está aquí (casi) y para terminar que no quiero aburrir, si todavía tenéis dudas, por aquí os tiro el anzuelo…
Tres meses han pasado desde que se publicara mi quinta novela «Nora y su vértigo constante» de la mano de la editorial Espasa, en medio de esta triste pandemia que ha paralizado el mundo. Tres meses llenos de ganas e ilusión, a pesar de las circunstancias, tres meses en los que habéis podido disfrutar de las páginas que conforman su historia y tres meses en los que me habéis hecho llegar un montón de comentarios. Mil gracias por cada uno de ellos, sabéis que sin vosotras nada de esto hubiera ocurrido.
Muchas cosas se han quedado por el camino: las ferias, las presentaciones, los encuentros, las firmas, los besos y los abrazos… pero aun así, ha sido un orgullo para mí compartir con todas vosotras este lanzamiento, aunque haya sido a través de esas benditas redes sociales, que no han dejado de conectarnos en estos meses tan duros.
La sensación de incertidumbre y de tristeza por todos los momentos que se han quedado en el limbo sigue ahí, pero como la vida continúa y no podemos detenernos ni lamentarnos, creo que la mejor manera de seguir mirando hacia adelante es tener la cabeza llena de sueños y no dejar espacio a los miedos.
Por eso, el gusanillo ha vuelto a colarse en mi estómago, y una vez más, he empezado a preparar la publicación de mi siguiente historia de #amordelbueno, que será la sexta. Guau, suena jodidamente increíble hasta para mí.
Me quedan unos meses por delante para ponerla bonita y que llegue a vuestras manos con la mejor calidad, como todas las anteriores. Disfrutaré de nuevo de todo el proceso de auto publicación, con muchísimas ganas, porque lo conocido siempre asusta menos y no os voy a mentir, me encanta controlar todo.
Será otra historia romántica contemporánea, quizás la más romántica que he escrito y por supuesto, tendrá todos los ingredientes de mis novelas anteriores: amor, amistad, viajes, superación y ese toque de #amordelbueno, suave y salvaje, que tanto os gusta y que a mí me encanta escribir.
Sira y Noel llegarán a primeros de 2021 y seréis las primeras en conocer más detalles, porque ya sabéis que soy una «ansias» y nunca me puedo guardar los secretos mucho tiempo.
No sé vosotras pero yo ya estoy contando los días para que termine este duro 2020.
Parece que septiembre ha llegado y con él el primer reseteo de nuestro cerebro, que en ocasiones es hasta automático, como las actualizaciones del móvil en cuanto pillas WiFi que se descargan solas. Vamos, que por alguna extraña razón, el día 1, publicamos un decreto ley dirigido a nosotros mismos que debemos cumplir sí o sí y nos entran las prisas por reorganizar toda nuestra agenda para lo que nos resta de año (operación que se suele repetir el 2 de enero, porque el 1 todavía estamos de resaca).
Supongo que después de vivir este verano demasiado raro, en el que la mayoría hemos pasado de puntillas, tenemos la necesidad imperiosa de repasar esa lista de propósitos, a corto plazo todos, (en tiempos de Covid es mejor no poner el objetivo muy lejos) y aferrarnos a que el 2020 está empezando a irse, pero todavía tenemos algo de tiempo para alcanzar alguna meta, aunque otras se tengan que quedar en pendientes, que no significa olvidadas.
Sí, lo sé, este año podíamos haber prescindido de la lista de deseos, sin embargo, después de este parón a nivel mundial y de haber visto las orejas al lobo, deberíamos aprender para que las futuras incluyan pequeños detalles, es decir, cosas que tenemos al alcance de nuestra mano y que nos hacen felices a diario, sin tener que esperar una alineación determinada de los planetas para poder realizarlas.
Yo este mes he preferido dejar la agenda en blanco hasta el 31 de diciembre. Quizás por la volatilidad de los días, la incertidumbre o la nostalgia de que cualquier tiempo pasado me pueda resultar mejor. O quizás solo porque voy a intentar ver las cosas desde otra perspectiva; dejar que fluyan los días y me sorprendan, confiar en que después de uno jodido vendrá uno cojonudo, o viceversa, y mantener un nivel de exigencia medio, es decir, una mezcla de ganas y sentido común, porque no siempre se puede tener el control del mundo¿verdad?
Sin olvidarme de que la balanza siempre tiene que estar inclinada para el lado positivo, que la mente es muy puñetera cuando entra en bucle y te lleva hacia el otro lado.
Tengo un montón de proyectos, sobre todo en mi cabeza, así que de momento, ocuparé mis horas en darlos forma, porque os puedo decir, sin riesgo a equivocarme, que el 2020 se irá y las ilusiones volverán.