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Y SE DETUVO EL TIEMPO

No sabía si escribir un nuevo post en medio de esta pausa que nos ha impuesto la vida, o esperar a que la nueva «normalidad» regresara a este mundo , al final, he decidido pasarme por aquí, básicamente, para que no os olvidéis de mí y porque darle a la tecla es una de las pocas cosas que me siguen motivando.

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Tras la cancelación de la publicación de Nora y su vértigo constante, la falta de un horizonte claro a corto plazo y la puñetera incertidumbre, mis días se rigen por una bipolaridad constante,  donde a ratos quiero ser optimista y a ratos solo quiero quemar las horas haciendo absolutamente nada y antes de irme a dormir tachar un día más de esta primavera que nos han robado en el calendario.

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Como sabéis, toda mi energía y mis expectativas estaban puestas en esa publicación, que suponía mi primera vez con una editorial, mi primera vez en todas las librerías, mi primera vez … Y así podría estar toda la tarde, enumerando todas esas primeras veces que no han llegado todavía.

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Así que, tras ese disgusto, el primer día de confinamiento, he tratado de recuperar el ánimo, poco a poco, pero es muy difícil tener la mente centrada en algo en concreto durante este aislamiento, sobre todo, a nivel social. Más de treinta días en casa, saliendo solo para lo básico, sin ver a la familia, a los amigos, a los compañeros de trabajo, excepto las veces que lo podemos hacer a través de las pantallas de nuestros móviles. No sé  si os ha pasa a vosotros, pero mi cuerpo y mi mente han entrado en un bucle sin sentido, dónde como mal y a deshoras, cojo un libro para leer y al poco rato lo suelto,  veo alguna película, sin mucho entusiasmo, o alguna serie que tenía pendiente, sin engancharme como antes, o me siento a escribir, con más intención que concentración, y para rematar, termino metiéndome en la cama con pocas ganas de sueño y la desazón de que al día siguiente seguiré en las mismas.

Psicólogos, sociólogos, coaches… Sí, lo sé, he leído todos y cada uno de sus argumentos y de verdad que intento ser constante y me obligo a mantener esa pequeña rutina, de la que tanto hablan, pero es muy difícil que el tiempo que dedico a cualquier actividad me cunda como cuando tenía ganas, ilusiones y vida.

Joder, menuda negatividad que me gasto hoy ¿no?

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Bueno para terminar y dejar una pequeña ventana abierta a la esperanza, os confesaré que aprovecho mis pequeños momentos de lucidez para abrir nuevas libretas preciosas con nuevos proyectos, que ojalá empiecen a coger forma pronto, y que también avanzo con el que tengo entre manos, todo para que mi #amordelbueno siga fluyendo a pesar de todo.

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#undíamenos

Os leo..

NORA TRAS EL TELÓN

Ahora sí que ya puedo decir que no queda nada para que podáis disfrutar de mi quinta novela, uf, no sé a vosotros, pero a mí, la espera se me está  haciendo eterna.

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Dicen que publicar un libro es como dar a luz a otro retoño más, pues os confesaré que este parto se me ha está haciendo larguísimo y eso que el de mi primer hijo ya estaba en el top one de los interminables ( y hablo del real, no del literario).

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He pensado que en este post os voy a contar cositas de mi nueva historia, sin revelar nada trascendental, por supuesto, que tampoco quiero destripar nada, básicamente, porque estoy deseando que la conozcáis , de tú a tú.

Solo compartiré con vosotros parte del proceso de creación y algunas anécdotas que me han ocurrido por el camino.

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La historia de Nora, o al menos el primer capítulo, se me ocurrió en mitad del proceso de escritura de El Camino de Gala. Y digo en mitad, porque mi mente, que como ya os he dicho en alguna ocasión, no descansa demasiado, espera a imaginarse una historia nueva cuando está a punto de terminar la anterior, como si al despedirme de unos personajes tuviera que empezar a dar la bienvenida a los siguientes. Sin embargo, como os he dicho, ese no fue el caso de Nora.

Ella se coló sin pedir permiso, como un ciclón.  Y como las musas son muy cabronas cuando quieren, me llenaron la cabeza con diálogos e imágenes de lo que querían contar, así que no pude hacer otra cosa que abrir un nuevo documento word en mi ordenador sin título (normalmente solo les pongo el nombre de mi prota femenina hasta el final) y empecé a escribir, palabra por palabra, ese primer capítulo.

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Lo dejé ahí y terminé El camino de Gala, preparé todo el proceso de edición para la auto publicación, como con los anteriores, y justo, en junio, cuando estaba a punto de publicarla, recibí la llamada de una editora del sello Espasa, perteneciente al Grupo Planeta, diciéndome que había leído Oli busca el mar, que la había gustado mucho y que les encantaría que escribiera una historia para ellos, así, sin más.

Mi cara de aluflipada se pudo parecer a esta:

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Del acojone y la felicidad inicial, todo mezclado con un toque de incredulidad, me recompuse como pude y quedé en Madrid con ella. Sí, con la que poco después se convertiría en Mi Editora, lo sé, suena genial.

Nos conocimos en un desayuno en el Café Comercial (lugar emblemático de la capital) , donde hablamos de muchísimas cosas y cuando nos centramos en lo que estaba escribiendo en ese momento, la dí un par de pinceladas de la historia de Nora, que ya estaba cogiendo forma en mi cabeza, que no en el ordenador, porque creo que apenas tenía tres o cuatro capítulos escritos por aquel entonces, sin embargo, siempre tuve muy claro lo que quería reflejar y así se lo conté.

Sencillamente, la encantó.

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Como no podía ser de otro modo,  yo seguí flipando. Mi primera vez enfrentándome al mundo editorial , en Primera División  y mis ideas la parecieron perfectas. Nora, Alan, sus amigos, sus vidas, sus pasados, sus encuentros, su manera tan opuesta de enfrentarse a la vida…Todo, sin excepción. Y mira que los que conocéis mi pluma, sabéis que me gusta narrar todo hasta el final, sin medias tintas, además, sabéis que adoro que cada escena explícita os meta en la piel de mis protagonistas y os haga sentir, pues hasta ese punto, en el que la dije que yo no sabía escribir de otra forma, la pareció maravilloso.

Para mí firmar con la editorial ha supuesto un reto en muchos sentidos. Un orgullo infinito, un salto de calidad muy grande, un paso en el mundo literario enorme, una responsabilidad gigante y una oportunidad única.

A partir de ese día, dediqué todos los minutos libres de mi vida a ellos, a meterme en su piel, a conocer su carácter, su forma de pensar, sus miedos, sus dudas, sus sueños…

Era la primera vez que tenía que escribir a golpe de reloj, porque tenía una fecha de entrega y no sabía si iba a ser capaz de estar a la altura del compromiso. Para que os hagáis una idea, mi ordenador me acompañó hasta en mis vacaciones, y aunque a un ritmo mucho más relajado, Nora y Alan no dejaron de susurrarme palabras ni bajo los rayos de sol en las playas gaditanas.

La historia estaba tan clara en mi cabeza, que no voy a decir que ha salido sola, pero casi. Siempre con la inestimable ayuda de mis lectoras cero, que por supuesto, me meten caña(unas más que otras), me escuchan, me soportan, me resuelven dudas, me dan su opinión y me enderezan cuando pierdo el rumbo de lo que quiero contar, así que, solo puedo darles las gracias y hacerlas partícipes de todo esto que estoy viviendo.

Una mención especial para la música, que siempre está conmigo también, sin una banda sonora detrás no podría escribir ni media palabra. Os diré que aunque creo una playlist con las canciones de la historia(como he hecho con las anteriores) y escucho de todo, sin importar el género, mientras escribo, siempre hay un grupo o un artista que me pongo de fondo la mayoría de los días que me siento a darle a la tecla y en esta novela esas cantantes han sido dos: Ella Mai y Norah Jones.

 

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Con toda esa mezcla de ideas, canciones y sentimientos que quería reflejar, en octubre, puse la palabra FIN, unos días antes de que se terminara el plazo, sintiéndome mucho más orgullosa por haberlo conseguido.

Esperé con ansias y millones de dudas ( que me comían por dentro, sí, soy una loca impaciente), el ok definitivo de mi editora a ese final que tan nítido estaba en mi cabeza y cuando me lo dio, sin cambiarme ni una sola coma en todo el proceso, lo sé, yo tampoco me lo podía creer, fue como si una explosión interior abandonara mi cuerpo para permitirme respirar de nuevo.

Los meses posteriores y todo el proceso de edición, han sido muy diferentes para mí con respecto a mis otros libros auto publicados. He pasado de controlar todos los aspectos a delegar en profesionales de primer nivel, aun así, he podido participar y dar mi opinión en la portada, la corrección, la revisión.., y cuando después de esa larga espera, he recibido mi ejemplar y lo he tenido en mis manos, la sensación, jodidamente increíble de felicidad y satisfacción, ha sido la misma que con sus hermanos mayores.

 

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Y aquí estoy hoy, contándoos  mi vida y milagros. Mordiéndome las uñas mientras espero a que llegue a vuestras manos el próximo 17 de marzo y deseando que conozcáis a Nora; sensible, tímida y llena de dudas, a Alan; extrovertido, canalla, y lleno de vida, a Lara; madura y lista, a Úrsula; un puto huracán, a Jaime; un introvertido de manual, a Dafne; una cubana que os va a enamorar… y han puñado de personajes más que harán mucho más creíble y humana toda la historia.

Solo deseo que os guste y os haga sentir.

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TACHANDO LOS DÍAS

Lo siento. Sé que hacía un montón de tiempo que no os escribía nada por aquí. No voy a relatar una lista enorme de excusas, como la falta de tiempo, la ajetreada vida que llevo, ni nada por el estilo, porque «la verdad verdadera» es que he despedido el año y lo he recibido en modo relax y un poquito desconectada de las letras.

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Lo más probable es que no me hayas echado en falta,  si ese es tu caso, ignórame, y si por el contrario, te gusta leer mis entradas cargadas de reflexiones, miedos y comeduras de tarro, quédate, que a partir del siguiente párrafo te vas a topar con un montón de ellas.

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Despedí el año con un pedazo de viaje a Nueva York, era mi primera vez, y estoy convencida de que no será la última. Mi cabeza, que lo de desconectar del todo no va con ella, fabricó una historia… Diferente. Ambientada en Manhattan, con una trama más arriesgada y trepidante, y un protagonista distinto a lo que suelo escribir, en resumen, todo fuera de mis propios límites. Sus calles, sus edificios, sus habitantes, su ritmo. Cada paseo, cada sensación…todo me inspiraba. Los engranajes de mi imaginación se confabularon para que, durante la espera en el aeropuerto, llenara páginas y paginas de mi nuevo cuaderno recién adquirido en la Quinta Avenida. ¿Qué cuando me pondré con ella? Pues espero ser capaz de empezarla cuando termine con la que estoy ahora, porque eso de escribir dos historias a la vez, lo veo imposible, de momento.

 

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Regresé y llegó enero y con él un año nuevo, acojonante y prometedor. He pasado el primer mes de este 2020 con más calma de la esperada y con el único objetivo de ir tachando los días en el calendario hasta que llegue ese mágico 17 de marzo, que tanto ansío.

Calendar on white background. 17 March.

Y para no perder la costumbre, empecé a escribir mi nueva historia, porque crear otras vidas se ha convertido en mi adicción. Se trata de una que ya tenía en la cabeza al terminar la de Nora y que se sale un poco de mi zona de confort también. Nuevos protagonistas, con circunstancias muy particulares, que me van contando cositas, a un ritmo demasiado lento, para la que estoy acostumbrada, pero es que cuando tengo mil millones de cosas en la cabeza, todas en plena ebullición, es más difícil que consigan hacerse un hueco para alzar sus voces, aun así, yo no dejo de darle a la tecla, aunque sea más despacito.

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Casi sin darme cuenta ha llegado febrero. Así que, después de ponerte un poco al día con mis cavilaciones, solo te pido un poco más de paciencia, porque seguro que durante este mes te podré anunciar más cosas sobre el próximo lanzamiento de mi quinta novela y me encantará que sigas a mi lado, porque los buenos momentos si son compartidos, duplican su valor.

Y para despedirme, si eres de las que todavía no conoce mi pluma, atrévete.

Prometo que mis historias de #amordelbueno te harán sentir.

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UNA NOCHEBUENA MÁS…

Os traigo un regalito.

«Atención» si no has leído Oli busca el mar no leas esta entrada porque contiene contenido extra con SPOILER.

Si eres fan del profe y aceituna espero que te guste este epílogo ( unos años después) que he escrito para compartir con vosotras hoy.

Disfrutad de ellos y Felices Fiestas

 

 

UNA NOCHEBUENA MÁS…

Suena el timbre y miro el reloj. Con el trapo colgando del hombro y las manos embadurnadas de harina me acerco a abrir. Me gusta cocinar  y como no lo puedo hacer muy a menudo por falta de tiempo, hoy, que es Nochebuena, me he negado a que  lo hagan por mí. Lo que no pensé es que nuestros invitados iban a llegar tan pronto.

Ro y Bruno esperan en el umbral. Guapos, vestidos a la última  y con cara de pocos amigos, eso significa que han discutido por enésima vez. Sí, estos dos mantienen una relación de amor/odio desde hace un tiempo. Ella trabaja como auditora externa para el banco y viaja por medio mundo, con paradas técnicas en Los Ángeles cada dos por tres, donde vive Bruno, que se ha convertido en uno de los actores españoles mejor pagados de Hollywood—todavía recuerdo cuando llegamos él y yo nuevos a la ciudad, cargados de miedos e incertidumbre —. Bueno, pues eso, que ellos tienen un relación de esas intermitentes, hoy sí, mañana no. Ninguno quiere detener sus respectivas carreras profesionales en este momento, pero tampoco son capaces de darse espacio y tiempo, o simplemente, dejarse ir y aceptar que a veces, no tener contacto sería lo mejor para ambos. Así que todos nos hemos acostumbrado a sus vaivenes. Unos días parecen inseparables y otros casi salen en los periódicos. Nosotros, con el paso del tiempo, hemos aprendido a relativizar sus dramas, ojalá lo hagan algún día ellos. Somos conscientes de que se adoran, sin embargo, su amor es tormentoso, explosivo e impulsivo. No te voy a mentir, yo no concibo así la palabra de cuatro letras, pero lo acepto, porque  los dos son mis amigos.

—Hola, Oli—me saluda Ro. Un beso rápido en la mejilla y se va hasta la cocina con las manos llenas de bolsas—.Necesito una copa.

—Pasa y sírvete.

—Hola, jefa. — Ya ves, al final me quedé con ese mote y qué quieres que te diga… pues eso, que en el fondo, me gusta—. Joder, que frío hace en este pueblo ¿no? Estaríamos mejor en tu casa de Malibú.

—Venga, exagerado. ¿Qué le pasa a la morena?

—Mejor pregunta qué no le pasa.

Bruno entra y cierra la puerta con el pie porque también viene cargado. Es verdad que estuvimos dudando hasta el último minuto, pero yo sé que Alberto prefiere pasar las Navidades aquí, en Salinas, no allí.

Esta casa sigue siendo su refugio, su calma, su hogar. A pesar de que aquella también está al lado del mar, es mucho más grande y además en esta época del año, la temperatura es bastante más agradable que aquí, pero la fuerza y la energía que le transmite  su mar Cantábrico no es comparable con lo que pueda ofrecerle cualquier otro mar.

Mientras meten las bebidas en el frigorífico, en el más absoluto los silencios, me acerco hasta la cristalera del salón para avisar a Alberto,  que está cortando leña para la chimenea en el jardín, que ya han empezado a llegar nuestros invitados.

—No salgas que te vas a congelar—me dice soltando el hacha y acercando su cuerpo al mío para darme calor— ¿Ya has metido la cena al horno?

—Todavía no.

Sus manos se cuelan por debajo de mi jersey y me erizan la piel. Está tan guapo con esa camisa negra y roja de franela, que parece un auténtico leñador, me quedo obnubilada mirándole, porque sigue siendo irresistible. Sonríe, con la boca y con los ojos y a mí ya no me importa que se me estén congelando las extremidades.

—Pues venga, que mientras se hace aprovecho y te meto yo otra cosita que tengo.

—Alberto…—intento cortarle, pero su lengua ahora se abre paso entre mis labios hasta dar con la mía. ¡Ay!, sus besos. Sus besos siguen siendo igual de adictivos. En un movimiento de cadera lento me arrima su paquete, para que vea claramente sus intenciones, por si todavía tenía dudas respecto a lo que me quiere meter.

Me empuja caminando hacia atrás para entrar en el salón de nuevo y no puedo zafarme de esos brazos que son mi verdadero hogar. Su beso me envuelve, me enciende y me transporta a nuestra burbuja, esa en la que solo estamos él y yo, esa en la que recibo mi ración diaria de amor en vena, esa que, a pesar de los años, sigue envolviéndonos, porque cuando se trata de nosotros las ganas siguen y siguen acumulándose, sin cesar. Por un momento  casi consigue que me olvide de los chicos.

— ¡Joder! Ahora ya sé porque vosotros no tenéis frío, capullos— espeta Bruno cuando ve cómo me tira encima del sofá y me cubre con su cuerpo.

— ¿Qué coño haces aquí?— pregunta mi marido mientras se separa de mí gruñendo como un niño al que le acaban de quitar su juguete favorito.

—Ya ves, no podía vivir sin ti.

Resopla y me ayuda a levantarme. Él y Bruno suelen comportarse como dos niños la mayoría  de las veces, siempre compitiendo por todo, a nosotras nos hace gracia ver esa guerra de egos en dos hombres hechos y derechos. Me da un último beso con mordisco incluido en el labio inferior.

—He salido a decírtelo—me disculpo con una sonrisa pícara.

—Tú y yo. Antes de cenar. Dentro de ti. — Sus palabras entre dientes conectan con todas mis terminaciones nerviosas y aunque suenan a orden sé que son una especie de amenaza.

Bruno y él meten la leña y encienden la chimenea, mientras mi amiga se sirve la segunda copa de vino en la cocina y yo meto la cena en el horno.

—Profe, ya toy. Let´s go!

—Eli, no has dormido nada—protesta Alberto con una sonrisa de oreja a oreja mientras se acerca a recoger a nuestra hija antes de que llegue al último escalón. Supuestamente, baja de dormir la siesta, pero no tengo ni idea de lo que habrá estado haciendo porque  aparece con su traje de neopreno puesto— la cuesta metérselo un mundo— y descalza, así que su padre solo puede envolverla con sus brazos y descojonarse.

Elisa nació hace cuatro años y no creo que haya un padre más idiotizado con su hija que Alberto. Rubia, rizosa y con unos ojos azules como el mar, es igualita a él, a veces le digo que la naturaleza debió borrar mi ADN de todas sus células durante ese parto interminable de veinte horas. Habla un español con acento yanqui  que hace las delicias de cualquiera que la escuche por primera vez y mezcla el inglés con el español a su antojo, además, como no podía ser de otra manera, está obsesionada con el mar.

—No vas a ir al agua, ahora—le digo mientras besa a Ro y a Bruno.

—Yes, yes. ¿Vamos profe?

— ¿La niña te llama profe?— pregunta Ro sorprendida.

—Solo cuando quiere hacerme la pelota, como su madre— dice Alberto con tonito, ganándose una mirada de hielo por mi parte— .No podemos ir ahora, señorita de la Vega.

Ella pone morritos porque no está muy convencida y su padre le hace cosquillas. El timbre vuelve a sonar y Alberto se acerca con la niña en brazos.

Raúl, Sara y Diego entran llenando la casa de risas y abrazos.

—Estás enorme— le digo a Diego dándole un abrazo gigante, está muy guapo y me encanta la sonrisa que le dedica a mi hija justo antes de abrazarla. Otro que es la viva imagen de su padre.

Sí, Diego es el sobrino de Raúl, el hijo de mi ex y aquella modelo que le puso una demanda por paternidad. La vida es tan retorcida cuando quiere que ella, después de pelear para que Diego le reconociera, le abandonó una tarde de domingo en su casa con poco más de un año. Se iba a casar con un tío que no quería saber nada del niño ni de su vida anterior y ni corta ni perezosa, le suplicó a Diego que se quedara con la custodia completa.

Hace un par de años Diego se fue a jugar a Australia, en Madrid las cosas no iban muy bien y quería seguir ganando dinero con el fútbol, así que, Raúl y Sara decidieron quedarse con el niño y darle un poco de estabilidad. Siguen viviendo en Barcelona y estoy muy orgullosa de mi amiga y de la familia tan bonita que ha formado, porque no todas tienen que ser ideales como en los cuentos. El niño ve a su padre dos o tres veces al año y el mes que tiene de vacaciones lo pasan juntos, incluso, hace unos meses estuvieron en nuestra casa de Malibú. Él estaba cerca por motivos profesionales y Raúl viajó con él para que se pudieran encontrar. Fue raro, pero Alberto y yo también tenemos cariño al niño, que no tiene la culpa de los errores de sus padres, por supuesto.

—Huele de maravilla, Oli—me dice Sara fundiéndose conmigo.

—Mejor sabrá— digo apoyando mi cabeza en su hombro. Ella también es mi casa.

Ponemos la mesa y picamos de todos los platos antes de sentarnos. La puerta se abre de nuevo y llega Lidia con su nuevo novio, un parisino, alto y delgado, que no tiene ni idea de español ni de inglés, así que su presencia será solo decorativa, como las bolas del árbol que está colocado al lado de la chimenea.

La abuela de Alberto falleció el año pasado, una dura pérdida para él de la que todavía se está recuperando, para él y para mí, porque era parte de mi familia. Siempre tan sabia, tan lúcida, tan positiva y tan cariñosa, un ejemplo a seguir. Lo mejor de todo es que pudo conocer a Eli, aunque ella cuando crezca no la recuerde.

Las navidades son exactamente eso, una mezcla extraña de alegrías y tristezas. En todas las casas ocurre lo mismo, los niños ponen las risas, la ilusión y los gritos y los adultos, el silencio, la calma y las miradas que recuerdan esas ausencias sin necesidad de pronunciar sus nombres.

—Por las tres mellizas—brinda Ro con su cuarta copa, no tardará en soltar por esa boca toda clase de improperios, lo veo venir. Sara me pregunta con los ojos si nuestra amiga está otra vez mosqueada con Bruno y yo solo tengo que poner los ojos en blanco unos segundos para confirmárselo.

Chocamos nuestras copas y damos un pequeño trago, Sara hace el amago pero me doy cuenta de que no se moja ni los labios.

Uy, uy, uy…aquí hay gato encerrado.

— ¿Algo importante que me tengas que contar?

—Cuidado a ver si te quema la cena— suelta ella y se va a sentar al sofá al lado de Raúl.

Alberto vuelve y me abraza por detrás, provocando que tenga que separarme de  la puerta del horno para no quemarme las rodillas.

—Tú y yo. Arriba. Ahora. Dentro de ti.

— ¿Estás loco? Tú no has visto cómo tenemos la casa.

Echa un vistazo rápido al salón y sonríe, sé que echa pestes cuando no podemos estar a solas, pero en el fondo, le encanta ver a todos juntos, ahora también han llegado  Tony, Noe  y sus hijos. Nuestra niña está emocionadísima con tantos críos por aquí revoloteando.

—Hermanito, ven que están mamá y Alejandro.

Lidia le reclama y él resopla, se separa de mí y antes de que se aleje enmarco su cara con mis manos y le beso, infundiéndole valor.

—Te quiero, profe.

—Vuelvo en un segundo, aceituna.

Se aparta un poco del bullicio y se asoma a la pantalla abrazado a su hermana, ambos felicitan las fiestas a través de una video llamada a su madre y a su hermano. Ellos se han arrepentido una y mil veces de su comportamiento y han tratado de acercarse a Alberto. Él ha dejado de lado el pasado, o al menos no lo arrastra con aquella amargura, y aunque  las aguas no hayan vuelto a su cauce, sí que han conseguido mantener una relación más cordial, sin grandes muestras de cariño.

Pequeños gestos, ilusiones gigantes, como siempre dice él.

Alberto con los años se ha hecho más fuerte mentalmente, su rutina, su trabajo, ahora desde el otro lado de la cámara, nuestros amigos, nuestra familia, su mar…  Cada día es más consciente de la importancia de vivir y disfrutar de todo lo que tiene ahora, por eso, desde que nació Elisa, se esfuerza por dar la mejor versión de sí mismo y créeme, es increíble verle lleno de luz y lejos de esa oscuridad que llevaba intrínseca.

Y yo estoy orgullosa y feliz, igual que espero que esté él de mí. Adoro mi vida a caballo entre Los Ángeles y España y mi trabajo. Represento a muchísimos actores, viajo, me relaciono con un montón de gente del mundo audiovisual, negocio y me vuelvo loca buscando nuevos talentos. Me encanta conseguir, en la medida de lo posible, que mis chicos y chicas consigan sus sueños, como yo sin darme cuenta he conseguido el mío.

Alberto me ayuda a servir todo y nos sentamos en la mesa. Brindamos y nuestros amigos piden mucha salud para el cine americano, porque eso significa que podremos seguir invitándoles a nuestra casa en Malibú. Menudos cabrones.

Antes de servir el postre Alberto me tira una copa de vino por encima del jersey, sin querer queriendo, ya me has entendido. El líquido está frío y me levanto como un resorte porque me ha calado hasta el sujetador. Mientras todos gritan alegría y aplauden sin darle mayor importancia, él, muy gustosamente, me sigue por las escaleras hasta nuestra habitación.

— ¿Te ayudo, aceituna?— me dice meloso, con su voz más ronca, esa que conecta con todo mi ser.

—No hace falta, profe, muchas gracias.

Y sin que mis manos lleguen al dobladillo de mi jersey para sacármelo por la cabeza ya lo han hecho las suyas. Le miro y me mira. Nos lo decimos todo sin palabras. Botones que se desabrochan, prendas que vuelan, un maravilloso olor a mar y nuestra piel.

—Tú y yo. Ya. Dentro de mí.

—Joder, cenicienta, como me pone cuando cambias el cuento.

 

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Bye, bye 2019

En menos de quince días terminará el año y como soy una ansias ya he empezado a despedirme de él.

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El balance es jodidamente positivo. Sin duda ha sido un año increíble para mí.  Lleno de buenos momentos, de letras en forma de historias, primero paseándose por  mi cabeza y después cogiendo forma en un documento word.  Un año lleno de oportunidades. De conocer a muchas de mis lectoras; Sant Jordi, Madrid, de sentir su calor. De abrazos y  charlas sobre mis historias de #amordelbueno. Y de risas, con ellas y con otros autores. Un año de viajes, de nuevas experiencias, de compartir mi felicidad y de disfrutar de todo lo que me está pasando, que es alucinante.

De números uno en #Amazon en USA, México, UK, Alemania, Italia, Francia y España.

De agotar ediciones en papel.

De ver a Marc y a Gala colarse en vuestros corazones y volar más lejos que nunca(Panamá, México, Argentina, Chicago…)

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Sin embargo, cuento los días para dar la bienvenida al 2020, porque promete y promete mucho. Quiero seguir creciendo y exprimiendo cada cada segundo que paso en este mundo literario, aprendiendo, gozando y sintiendo. Pero los días pasan lentos y a mí me matan las ganas. Sé que se hace largo, pero confío en que la espera merezca la pena. 

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Mi quinto libro ya está en el horno, poniéndose bonito (precioso diría yo) para que pueda llegar a vuestras manos el 17 de marzo del año próximo, fecha que ya tengo marcada con rotulador fluorescente en mi calendario y espero que vosotras vayáis corriendo a anotarlo ahora mismo, bueno,  en cuanto acabéis de leer esta entrada.

Sé que después vendrán meses cargados de nervios, de presentaciones, de difusión y exposición máxima, de intentar llegar a mil rincones más y  sé también que viviré con ese acojono permanente hasta que me empiecen a llegar los primeros comentarios, pero es tan bonito todo lo que me provocáis en las tripas, que estoy dispuesta a asumir las consecuencias.

Nora y Alan son muy especiales y he dado lo mejor de mí para contar su historia. Ha sido un verdadero reto escribir con una fecha de entrega y para una editorial, pero estoy muy orgullosa de haberlo logrado.

Una vez leí  que lo importante es escribir algo que te guste a ti  y creo que es una verdad como un templo, así que, os confesaré que la historia de este par a mí me encanta y solo espero que a vosotras os pase lo mismo cuando os adentréis entre sus páginas.

Como último deseo pediré  que pueda volver a abrazaros, a todas las que estáis conmigo desde el principio y  a las nuevas que queráis conocerme. Ojalá podamos compartir un ratito de letras y firmas.

Y antes de terminar,que menuda  parrafada os he metido, os voy a dejar con la imagen de un sueño. Uno que ni tan siquiera me atreví a soñar y que se ha materializado en  mi vida, la que solo concibo como una acumulación de momentos.

Mi sueño no soñado.

Mi momento.

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FIN: TRES LETRAS

FIN. Ya he colocado la palabra mágica al final de la que será mi quinta novela. Y no dejo de preguntarme cómo una palabra tan PEQUEÑA, puede abarcar tantas cosas: tristeza, pena, miedo, incertidumbre, alegría, ilusión, nervios, nostalgia, expectación… Y así podría continuar hasta acabar con toda la lista de sentimientos que se os ocurran.

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No ha sido fácil, mentiría si os digo lo contrario. Muchas horas robadas a la familia  y al sueño. No poder separarme de mis protagonistas ni un solo segundo. Buscar esa frase, esa escena, esa canción, que transmitiera todo lo que tenía en la cabeza. Ver, oír y sentir, por y para ellos. Ha sido tan jodidamente increíble meterme en su piel y darles vida, que el subidón  después de teclear esas tres benditas letras, lo ha compensado todo. TODO.

Os pareceré idiota pero para mí significa que he superado el reto y me siento súper orgullosa (al menos hasta que me leáis).

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Ahora queda otra fase fundamental del proceso que es ponerla bonita. Unas cuantas lecturas de nuevo,  la corrección, la portada… Os confesaré que he estado tan concentrada en la escritura, que no me había parado a pensar en ningún detalle más hasta que he colocado el punto y final.  A partir de ese momento, y como por arte de magia, se me han ocurrido un montón de ideas para que esa cubierta , sea igual de atractiva que las letras  que encontréis en su interior (al menos eso espero).

Se me va a hacer un poco raro delegar parte de ese trabajo en otras personas, porque como bien sabéis, mis anteriores libros son auto publicados y yo he controlado cada etapa ( aunque siempre con ayuda),  pero esta vez será diferente. Esa maquinaria editorial de la que tanto he hablado en otras ocasiones funcionará para mí ( sigo flipando) y confío en que, trabajando, codo con codo, consigamos el mejor resultado. 

Ojalá formemos un gran equipo y cada vez  pueda dar pasitos más largos en este mundo literario.

 

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Sin duda, no me olvido de que la gran diferencia con respecto a mis anteriores novelas es que esta ya la ha leído mi editora (perdonadme, pero me sigue sonando acojonantemente bien), así que , aunque me vuelva a tirar a la piscina, (creo que esa sensación siempre será la misma) esta vez, no salto con los ojos vendados, ni sola.

No me enrollo más, porque de la historia ya os iré dejando perlitas cuando sepa más datos sobre su publicación, lo único que os puedo adelantar es que cumple con las premisas de mis historias de #amordelbueno.

HUMOR

 

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AMISTAD

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SENSUALIDAD

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Y AMOR

 

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TENGO QUE ESCRIBIR

Es la primera vez que escribo con una fecha marcada en mi cabeza. ¿Noto la presión? Pues sí, de cojones, no os voy a mentir. Creo que estoy empezando a contar los minutos que se me escapan entre los dedos cada día y mi frase más repetida ahora mismo es: «tengo que escribir», mi nuevo mantra, para que todos los que me rodean se hagan una idea de que mi tiempo es limitado y no puedo perder más que el estrictamente necesario. Comer, dormir, trabajar, buenos días, buenas noches y escribir ( en medio cocino, pongo lavadoras, limpio, llevo y traigo niños al colegio, a los entrenamientos, varias veces al día … , septiembre con horarios locos todavía, en fin, lo que viene siendo lo normal).

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No me puedo quejar ni del ritmo ni de la inspiración, que fluyen como si esta hubiera sido mi rutina hace tiempo y no la real, que es dedicarme a los números, siéndolos infiel de vez en cuando con las letras.

Si añadimos las buenas impresiones de mi editora al leer lo que la mando, que me dan el chute necesario para seguir, indudablemente, sigo sin poder quejarme.

Pero luego nos topamos con mi propia cabeza, que es incansable e incontrolable y ahí llegan las dudas, la incertidumbre y un montón de varias comeduras de tarro más. Y con ello, los nervios.

Mi nueva historia es diferente, por el reto, por la ilusión y porque los protagonistas son un poco más difíciles que los últimos, por ejemplo. Cuando quieres contar y abarcar tantas cosas, para destripar dos personalidades diametralmente opuestas, la cosa se complica y en ocasiones, escribo y borro, y me bloqueo, y busco esa canción que exprese con música aquello que me ronda la cabeza, o la que sea perfecta para desbloquear ese pedazo de cerebro que ocupan solo ellos.  Ya lo he dicho en otras ocasiones, que sin esas letras de las canciones, sin esas melodías, que forman parte de la banda sonora de mi vida o de la banda sonora de la historia que intento contar,  no sería capaz de seguir dándole a la tecla.

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Y aquí estoy, escribiendo esta entrada en el blog, que tenía un poco abandonado, perdonadme, porque me he trabado en mitad del capítulo 45,  sí, tampoco me preguntéis porque no tengo ni idea de los que vomitaré, pero este es uno de esos que sabes que son importantes, de los que llevan la historia a un punto determinado o a otro, de esos que hasta los propios dedos están acojonados por cada sentimiento que van a describir.

No me enrollo más, básicamente, porque como ya os he explicado TENGO QUE ESCRIBIR.

Tened un poco de paciencia, porque como ha pasado en las otras ocasiones, en cuanto ponga la palabra FIN en el documento Word, seréis los primeros en enteraros.

Feliz sábado, yo sigo a lo mío, a darle a la tecla y a plasmar lo mejor que pueda la historia de #amordelbueno de #NyA.

No leemos.

Y también si queréis nos escuchamos en Spotify.

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ADIÓS AGOSTO

Un año más y antes de que termine este mes de agosto, empiezo a tener la sensación de que la rutina ya está llamando a mi puerta de nuevo. Lo que no tengo demasiado claro es si quiero dejarla entrar, y con ella que llegue el control horario, alimenticio y del resto del hogar, en general, o dejar que pase de largo y seguir en este estado caótico dónde nada se predice ni se calcula, ni tan siquiera el desayuno de cada mañana.

Ya llevo varios días trabajando, pero aún así, procuro que mis días sigan siendo muy estivales. Paseos al atardecer, cenas, vinos compartidos, quedadas de amigos, visitas de verano, fiestas en la ciudad y en los  pueblos, reuniones familiares eternas y así, un sinfín de eventos lúdicos y  festivos, que consiguen que viva en un estado de eterna adolescencia, como cuando los veranos duraban tres meses, de junio a septiembre.

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Y mientras tanto, escribo. Sí, no he dejado de darle a la tecla ni un solo día. Incluso cuando me fui unos días de vacaciones, el ordenador se vino conmigo en la maleta, porque mis protagonistas  están permanentemente  en mi cabeza.

 

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Les escucho, les siento, les entiendo, o al menos lo intento, y les dedico todos los minutos que puedo al día, para dar forma a su historia, que no es fácil., pero es preciosa.

Alguien me preguntó hace poco si es lo mismo escribir para mí, como hice con mis anteriores libros, o hacerlo ahora para una editorial. Mi respuesta fue clara: es distinto solo por la PRESIÓN. Ahora tengo que cumplir unos plazos y mi trabajo pasará por su filtro, no solo por el de mis lectoras cero.  Más ojos, más criterio, más lupa. El reto es apasionante y mentiría si digo que no me encanta sentir ese puntito de agobio encima de mi cabeza, creo que lo hace todo mucho más interesante.

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Ahora solo espero estar a la altura y conseguir cerrar una historia  más de #amordelbueno, una que os haga sentir, que os meta de lleno en la piel de los protagonistas, que os saque muchas sonrisas y con la que al final, mi pluma, os deje con ese cosquilleo en el estómago y muchísimas ganas de seguir leyéndome. Además con el aliciente de hacerlo de la mano de un gran sello editorial, que me brindará la oportunidad de llegar a muchos rincones dónde yo sola es prácticamente imposible, por lo que espero también aumentar mi base de lectoras, porque cuantas más, mejor.

Lo siento agosto, pero no me queda más remedio que decirte  adiós, con ese puntito de nostalgia en la voz, porque has cerrado mi verano siendo un gran mes y con la ilusión de darte carpetazo para empezar a centrarme en todo lo bueno que está por llegar el próximo otoño e invierno.

Ojalá que el año que viene vuelvas y seas todavía mejor.

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UN PASITO MÁS (DE GIGANTE).

Dicen que a veces los sueños se cumplen, pero a mí me gustaría saber ¿qué es lo que pasa cuando te ocurre algo tan «jodídamente increíble» que ni tan siquiera soñaste?

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Pues que se te puede quedar esta cara al abrir un mail, en el que una editora de un sello (muy importante) te dice que perdón por el atraco, que te ha leído y que quiere hablar contigo.

Catorce veces tuve que leer el correo electrónico. Primero yo, luego mi compañera de ofi,(que además es mi súper amigui) y hasta el jefe de esta (que no es mi jefe, es lo que tiene el co working) . Poco me falto para salir a la calle y parar a los caminantes para que también me lo leyeran en voz alta.

De repente pasé a estar en un estado de euforia, que perdonadme, no me quitaba nadie. En las alturas, en las nubes, en cualquier sitio menos con los pies en el suelo, para que lo entendáis.

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Estaba flipando.

Como sabéis empecé a publicar hace menos de un año y medio, en febrero de 2018, más como un auto regalo por mis cuarenta tacos que por otra cosa.  Tenía escrita una historia, que había comenzado a escribir en el año 2014 (solo prólogo y cuatro capítulos) y que decidí sacar a la luz, a modo casi de serie (colgando capítulos cuando podía) en una App para escritores novatos en diciembre del 2016. Dándole a la tecla , porque ya me empezaron a picar mis recién conseguidas lectoras, conseguí terminar mi primera historia en dos partes ( La bilogía de Lía) y animada por los buenos comentarios que tuve en Wattpad, me calenté y me calenté, de tal manera, que estudié la forma de autopublicarla.

Acojonada, dudosa y convencida de que al menos conseguiría empaquetar la primera tirada de Lía a mis amigos y familiares, me tiré de cabeza a la piscina en este mundo de la autopublicación.

 

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Busqué en redes sociales a lectoras de novela romántica y similares, sobre todo en cuentas de otras autoras del género (sí, las robé, o las tomé prestadas, que suena mucho más bonito) y empecé a pedir una oportunidad para mi nueva historia a todas aquellas que tuvieron a bien charlar un ratito conmigo.

Joder, fuisteis un montón, ¿os acordáis?

¡Benditas redes!

Así conseguí vender esa primera tirada de papel , una segunda y hasta la tercera. En mayo de 2018 pude sacar la segunda parte de la bilogía, agotando también la tirada inicial y editando la segunda. Y así, como quien no quiere la cosa, vendí, yo solita, más de seiscientos libros de Lía.

Llegaron los primeros comentarios positivos, ese maravilloso «boca a boca» que siempre me brindasteis y fui consiguiendo nuevas lectoras y viendo como mi  historia llegaba cada día a más rincones: Argentina, Colombia, Chile, México, Suiza, USA.

 

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El subidón que sentía cuando alguien me mandaba un mensaje privado, diciéndome que le había encantado mi historia, mi forma de escribir y dándome ánimos para que continuara escribiendo, fue la mejor droga para no querer parar.

Y eso hice, convertirme en una yonki de las letras.

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Mi cabeza empezó a imaginar nueva historia y mis dedos a escribirla. En esa ocasión tenía muchos más nervios que la primera vez, porque  ya teníais una predecesora con la que comparar, porque eran otros protagonistas, muy distintos, que trataban temas  diferentes y  porque de nuevo, os tenía que pedir una oportunidad.

En  noviembre de 2018 publiqué mi tercer libro: Oli busca el mar.

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Y volvisteis a confiar en mis letras, a llenarme de mensajes preciosos y a ser cada vez más.

Si hasta creasteis mi club de lectoras de Lacadelo en Facebook.

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Ya no pude parar el ritmo, porque como ya he dicho en otras ocasiones, la vida son momentos y yo estoy aprovechando el mío.

Y entonces llegó: El Camino de Gala.Hace poco más de un mes y todas mis expectativas se han vuelto a quedar cortas. Porque sois la leche.

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Mi última historia os está encantando. Quizás es la más real y la más sencilla de todas. Porque el amor, a veces, es así. Ni retorcido, ni complicado, ni tan siquiera megadramático. El amor puede ser fresco, divertido, intenso y sencillo. Un día surge, te ríes mucho más que antes, te resistes a reconocerlo y al final, te atrapa. Sin morirte por ello.

Mi lema: #amordelbueno ( suave y salvaje). No edulcorado, como pueden pensar los que todavía no me hayan leído.

Ya sabéis que mi única motivación a la hora de sentarme a escribir una historia es que cuando la leáis os HAGA SENTIR. Bonito, intenso y con mayúsculas.  Según lo que me decís, creo que lo estoy consiguiendo.

En resumen, que después de esta matraca que os he soltado, os quiero decir, que el paso que voy a dar ahora no es pequeño, es gigante.  Para mí es una gran oportunidad, porque de la mano de una editorial llegaré a muchísimos sitios más dónde yo sola no podría, pero que sepáis también, que es una responsabilidad, de las gordas.

Escribir a un ritmo constante, trabajar con profesionales del mundo editorial, aprender todos los entresijos de este mundo literario y además, conseguir que mi nueva historia no pierda mi esencia, que os guste, que veáis mi pluma reflejada en cada palabra, que queráis poner a mi «prota» en vuestra vida, que desprenda ese #amordelbueno como las anteriores, que os HAGA SENTIR,  y por supuestííísimo, que  sigáis con ganas de leerme y que no me soltéis la mano durante este salto, porque con vosotras a mi lado, será mucho más fácil.

Madrid 2019

Podía haber titulado esta entrada como «Feria del Libro de Madrid 2019» pero no ha sido así exactamente.

He tenido la oportunidad de estar en un local, al lado de El Retiro, compartiendo espacio y charlas con otros autores auto publicados.

Sí, por si no lo sabíais, las editoriales y las librerías no habilitan sus casetas a los autores que no publican bajo un sello editorial.

Pero yo me he sentido igual que si hubiera estado debajo de una carpa, respirando literatura.

Solo puedo agradecer el cariño y la ilusión que me han trasmitido todas mis lectoras, que sacaron un huequito ese sábado para pasar a saludarme. Besos, risas y conversaciones. Sobre protas, proyectos y sobre mucho amor del bueno. Siempre regalándome palabras bonitas.

La frase que más escuché cuando se despedían es que ojalá que el año que viene me vean en la FLM y a mí, con ese deseo por su parte, ya me explotaba el corazón.

Soñar es bonito y gratis. Sí queréis saber si me gustaría estar el año que viene en una caseta, os diré que por supuesto, pero eso no resta ni un ápice de emoción a todo lo que me habéis hecho sentir este año.

Agotasteis El Camino de Gala y vaciasteis el peso de mi maleta, pero me llenasteis el alma y eso, siempre quedará grabado en mi memoria.

Infinitas gracias por acompañarme en este Camino, sin vosotras, nunca me hubiera permitido soñar con ese pasito que me falta dar desde la calle Academia hasta El Retiro.

Espero que las que estuvisteis conmigo también disfrutarais de un día mágico.